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Liborio Solís, la historia nunca antes contada

Enyoline Barría
Sus manos, más que para armar muebles, sacar cuentas o sostener una cámara de video fueron diseñadas para dar golpes arriba de un tinglado.

Desde muy pequeño se dejó seducir por el pugilismo.

En el momento que se colocó por primera vez unos guantes, su historia empezó a cambiar.

Nacido en Maracay, Aragua, Venezuela, Liborio Solís, de 30 años, empezó su romance con el tinglado desde los ocho años.

El cupido de este gran amorío fue su papá, Ceferino Solís, el gran héroe del actual campeón interino supermosca de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB).

“Yo llevo el boxeo en la sangre.

Mi papá fue boxeador profesional, mis siete hermanos son boxeadores”, dijo muy contento el púgil mientras dejaba los guantes por un momento para conceder la entrevista a DIAaDIA.

Con su acento venezolano Liborio no dudó en responder a la siguiente pregunta: ¿Por qué escogistes dedicarte al boxeo? “Mira vale, a mí me gustan todos los deportes, pero el que me llena y el que me gusta practicar es el boxeo, simplemente me encanta.

Ese arte de pegar y que no te peguen.

Los movimientos que se hacen arriba del ‘ring’.

¡Wao!, es impresionante”, explicó Solís, mientras miraba fijamente el ensogado del gimnasio Pedro "Rockero" Alcázar, ubicado en Curundú.

Sintiéndose más en confianza y en medio de recuerdos, Solís, de manera inmediata, expresó que agradece al deporte por haberlo alejado de los malos vicios que ofrece el mundo.

“Oye, gracias a Dios me alejé de los vicios.

Confieso que en el estudio no era muy bueno, incluso dejaba de ir a clases para ir al gimnasio a boxear.

Eso me alejó de la calle, ya que siempre tenía que estar rodeado con gente del deporte.

Ellos me aconsejaban que no usara marihuana o tabaco, para que no me alejara del boxeo.

Y, bueno, mi papá también siempre estuvo a mi lado para darme consejos”, dijo.

A pesar de tener muchos guías en su vida, el púgil de Venezuela comentó que siempre existen amigos y compañeros que de alguna u otra manera tratan de llevarte a fiestas y a ingerir alcohol, situaciones que, según él, trata de evitar.

“Siempre se pierden muchos amigos cuando te dedicas a esto, siempre cuando hay una rumba ellos quieren que vayas y te diviertas, pero la realidad es que uno no debe participar en ese tipo de festejos, porque te encuentras concentrado en el boxeo, en los entrenamientos y déjame decirte que algunos entendían mi situación y otros no, pero eso a mí no me importaba, porque al final del día me sacrificaba para mi futuro y cuando llegaban las tentaciones mi respuesta era un ‘no’”, precisó.

Hablando de su infancia Solís respiró profundo.

Fue en ese momento que dejó escapar, de lo más profundo de su corazón, un recuerdo cuando apenas tenía tres años de edad.

“Mi mamá, cuando yo tenía tres años, casi cumpliendo los cuatro, abandonó mi hogar y nos dejó a mí y a mis hermanos con mi papá”, confesó.

Según el púgil, este movimiento, por parte de su progenitora, marcó su vida, pero asegura que la situación le ayudó a seguir adelante y a llegar al lugar en donde se encuentra hoy.

“Fue duro, porque veía a mi papá lavando el uniforme de nosotros, veía el sacrificio que él hacía.

Él trabajaba de noche y llegaba a hacer oficios.

Cuando había que hacer la comida nosotros teníamos que hacerlo y, a veces, me daba ‘flojera’, pero era lo que tocaba, pero a pesar de eso, gracias a Dios, mi padre, que en paz descanse, crio a unos guerreros trabajadores”, relató.

“A pesar de todo, a mí nunca me faltó un plato de comida ni el amor de mi papá.

Yo siempre me decía que no importaba si no tenía juguetes, pero con tal de que mi ‘viejo’ siempre estuviese apoyándome, más nada importaba, con eso yo era feliz”, agregó muy seguro Solís.

Hijos en la distancia Estar lejos de casa es difícil y más cuando tienes a siete ángeles esperando por tu llegada.

Pero para Liborio Solís esta situación es un gran sacrificio que con el tiempo será totalmente recompensado.

“Tengo siete hijos y una esposa.

Tres de los pequeños son míos biológicamente y los otros cuatro son de mi hermano Javier Solís, quien falleció hace un tiempo atrás”, comentó.

Para el peleador venezolano no hay nada más duro que estar lejos de su familia.

“La distancia es dura.

Mis niños al principio me decían que regresara y mi respuesta siempre ha sido que lo que hago es por ellos.

Me sacrifico porque no quiero que ninguno de ellos pase por lo que yo pasé, quiero que estén bien y, mira, gracias a Dios este sacrificio me ha resultado muy rentable”, señaló.

Y como todo padre protector, Solís dio a conocer que hará lo que sea para que a sus pequeños no les falte nada.

“Quiero que todos vayan a la universidad, se preparen para un buen futuro, aunque tenga que sacrificarme más, por ellos yo hago lo que sea”, añadió.

Escuela panameña Llegar al suelo panameño para hacer su carrera boxística no fue una tarea fácil para el campeón mundial interino.

“Llegué a Panamá a los 27 años.

Me ofrecieron la oportunidad de hacer carrera aquí, debido a que en Venezuela el boxeo está muerto.

Me pareció una buena idea, pues acá hacen casi dos cartillas por mes.

No me arrepiento de haber venido, fue una buena decisión”, comentó.

Solís, que saltó al boxeo profesional con tan solo 18 años, expresó que su primer duelo en Panamá fue contra Alejandro Corrales, con quien tuvo una corta batalla.

“Mi primer combate aquí fue en el 2010 con Alejandro Corrales.

Recuerdo que le gané por nocaut en el segundo asalto.

Mi segundo combate fue con el también panameño José Mena, le gané por decisión unánime, pero me quedó la sensación de que no le gusté al público panameño.

Pero mira qué curioso, después de mi ausencia preguntaron por mí y en ese entonces el que es ahora mi apoderado, Manolo Barreiro, me fue a buscar y aquí estoy”, declaró.

La pelea más duraLa entrevista estaba a punto de llegar a su fin.

Solís tenía que volver a sus entrenamientos.

Fue, en ese último suspiro, que el venezolano recordó la pelea más difícil de su carrera.

“Mi pleito más difícil fue el séptimo, ante Yenifel Vicente, un púgil dominicano, que me ganó por decisión unánime.

Fue muy duro, ese sí fue un ‘dame que te doy’”, comentaba entre risas, para agregar: “recuerdo que lo tumbé y se levantó como si nada, esa noche sí fue una guerra”, dejó saber Solís, quien segundos más tarde reveló que la pelea más fácil que ha tenido en sus 12 años de carrera fue con el excampeón mundial panameño Rafael “El Torito” Concepción.

“Fíjate que mi pelea más fácil fue con Rafael Concepción.

Muchos me dijeron ‘Chamo, pero por qué aceptaste ese combate', pero mira que lo pude dominar a mi antojo e hice lo que quise con él aquella vez”, recordó entre risas.

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