El abogado de Aaron Hernández dijo ayer que el cerebro del difunto "tight end" de los Patriots de Nueva Inglaterra exhibe indicios claros de la enfermedad degenerativa encefalopatía traumática crónica.
En conferencia de prensa, el abogado José Báez reveló que los exámenes "post mortem" mostraron que Hernández sufría un caso severo de la enfermedad.
La enfermedad puede ser causada por golpes reiterados a la cabeza y lleva a síntomas como cambios violentos de temperamento, depresión y problemas cognitivos. Hernández se suicidó en abril en una celda de la cárcel, donde cumplía cadena perpetua por un asesinato en el 2013. Su muerte se produjo apenas horas antes de que los Patriots visitasen la Casa Blanca para celebrar su victoria en el Super Bowl.
La ETC solamente puede ser diagnosticada en una autopsia. Un estudio reciente encontró evidencias de la enfermedad en 110 de 111 exjugadores de la NFL cuyos cerebros fueron examinados.
La enfermedad ha sido vinculada a contusiones reiteradas y causa daños cerebrales mayormente en la región frontal, que controla numerosas funciones, incluyendo juicio, emociones, control de impulsos, conducta social y memoria.
Estrella de la Universidad de Florida cuando el equipo ganó el título universitario en el 2008, Hernández cayó a la cuarta ronda de la lotería de la NFL a causa de varios problemas, que incluyeron una trifulca en un bar y fallar un análisis de drogas. Su nombre fue involucrado también en una investigación de un tiroteo.
En tres temporadas con los Patriots, Hernández formó con Rob Gronkowski uno de los más potentes dúos de "tight ends" en la historia de la NFL. En el 2011, su segunda campaña, Hernández atrapó 79 pases, para 910 yardas y siete "touchdowns", ayudando al equipo a llegar al Super Bowl, y fue recompensado con un contrato de $40 millones.
Los Patriots se deshicieron de Hernández en el 2013, poco después de su arresto por el asesinato del jugador semiprofesional Odin Lloyd, que estaba saliendo con la hermana de la prometida de Hernández. Hernández fue hallado culpable y sentenciado a cadena perpetua. La convicción fue anulada porque él murió antes de que se agotasen sus apelaciones, aunque esa decisión está siendo apelada ahora por la fiscalía.
Una semana antes de su suicidio, Hernández fue absuelto del asesinato a tiros de dos hombres en el 2012 en Boston.









