¿De qué hablas, Bob?
El grito en clamor de ayuda por parte de los atletas hizo estremecer los cimientos del Instituto Panameño de Deportes (Pandeportes) y a su director, Roberto Bob Arango.
Fue tanta la sacudida, que la máxima autoridad del deporte en Panamá dio órdenes estrictas a sus colaboradores para que sacaran sus calculadoras y desempolvaran los números, con el objetivo de hacerle saber al país, mediante un comunicado, que Pandeportes, en su ejecución, desplegó un plan de incentivos económicos o becas deportivas por un monto de 729 mil 864 dólares para beneficio de 126 atletas.
Más adelante el comunicado hace mención a atletas como el velocista Alonso Edward, quien recibe mensualmente un aporte de 5,022 dólares, lo que al año equivale a $60 mil 264.
También en este renglón se encuentran el nadador Edgar Crespo, con $4,000 mensuales y $48 mil al año; la boxeadora Atheyna Bylon, con $3,500 al mes y $42 mil al año; y la esgrimista Eileen Grench y la taekwondista Carolena Carstens, con $3,250 mensuales y $39 mil anuales. Igualmente se ubican con un incentivo al mes de $2,000 la fondista Andrea Ferris; con $1,500 la velocista Ivette Lewis y el nadador con discapacidad César Barría; y con $1,200 la saltadora de altura Kashany Ríos y la boxeadora Karol Hibbert, reveló el comunicado.
¿Por qué esta respuesta?
Tras el comunicado de Pandeportes, era más que obvio que el sentir de los deportistas panameños no había sido escuchado. Porque aquel martes 28 de julio de 2015, luego de que los jugadores de la Roja recibieron por parte del Gobierno Nacional $20 mil cada uno, lo único que se estampó en las redes sociales por parte de las figuras de las otras disciplinas deportivas era que hubiera igualdad a la hora de entregar incentivos y mejores instalaciones deportivas para entrenar.
¿Era tanto pedir?