Entrenadores brujos... ¡No más!
@eagonzalezg
Cuando Jaime Salas fue nombrado presidente de la Comisión de Boxeo Profesional de Panamá (Comibox), a las horas, en una entrevista que me concedió, le pregunté que cuál sería su plan para sacar del fango el boxeo nacional. Le expliqué que esa posición deprimente en que se ubica el boxeo panameño actualmente se debía en gran medida al desastroso año 2014 que tuvieron los gladiadores nacionales en combates que disputaron en el extranjero, en el que solo pudieron conquistar una victoria en 13 presentaciones.
Salas, al parecer, tenía preparada la respuesta, la cual les explotaba en sus narices a los miembros de la Comibox pasada, que nunca movieron un solo dedo para tratar de que las cosas cambiaran.
Se va a monitorear a los boxeadores en los diferentes gimnasios donde están entrenando, para así llevar un control, y no estar otorgando permisos a lo loco para pelear en el extranjero, expresó Salas, aquel 16 de enero de 2015.
No fue hasta el último lunes, 17 días después de sus declaraciones, que Salas apareció en el centro principal de entrenamiento de boxeo en Panamá, el gimnasio Pedro Rockero Alcázar de Curundú.
Aunque esperó demasiado tiempo para poner en práctica sus palabras, hoy tengo que darle mi voto de confianza al nuevo presidente de la Comibox. Lo que me pareció incorrecto de la visita de Salas es que haya aparecido en Curundú sin nadie de su equipo. Pongo este detalle sobre la mesa porque Salas no podrá, solo, mantener un monitoreo constante del trabajo diario de los boxeadores en el gimnasio.
Aparte de este monitoreo, veo con buenos ojos que durante su recorrido conversó con los entrenadores y les dejó claro que se clasificarán a los preparadores dependiendo de sus conocimientos, con base en una serie de seminarios que serán de estricto cumplimiento, y que buscarán tener entrenadores clase A o si son ayudantes.
Esta iniciativa es positiva porque por fin se acabará en Panamá con esos personajes que hacen llamarse entrenadores de boxeo, por el solo hecho de que se colocan un cronómetro en el cuello y las guanteletas en las manos.