Las críticas seguirán, con puertas abiertas o cerradas
Pataleta del técnico colombiano Hernán Darío El Bolillo Gómez. Como un niño malcriado, el estratega de la Selección Mayor de Fútbol de Panamá anuncia que solo permitirá a la prensa la cobertura a los entrenamientos dos días por semana. La medida nace como repudio a los comentarios negativos que había disparado un sector de la prensa panameña, al filtrarse de que hubo altercados entre algunos jugadores panameños en el amistoso en Ecuador.
Que quede claro que no fue la goleada de 4-0 recibida en tierras ecuatorianas lo que llevó a que El Bolillo tomara esta decisión de cerrarle la puerta a la prensa, sino el rumor que se corrió como pólvora que dos jugadores se habían dicho fuertes palabras, incluso hasta habían llegado a los puños, dentro del camerino.
Que haya sido cierto este rumor o no, me parece que no es motivo para cerrarle las puertas a la prensa. Considero que fue decisión equivocada por parte del técnico, mandando un mensaje negativo no solo a los medios de comunicación, sino a los aficionados, de que estamos ante la presencia de un equipo de cristal, que no está preparado para ser criticado. Grave error por parte de Gómez que, como técnico de amplio recorrido y con dos Mundiales sobre sus hombros, sabe que los comentarios en contra siempre van a existir, incluso aquellos que sean sustentados, supuestamente, en una mentira.
Pero aquí no acabó todo. Como para hundirse más en esta decisión descabellada, tres días después salta a la palestra el capitán de la Roja, Román Torres, anunciando de que fueron ellos, los jugadores, los que le pidieron al técnico que solo querían abrirle la puerta a la prensa dos veces por semana.
Fue una declaración como para morirse de risa, que los jugadores se preocuparan más por los comentarios de la prensa, que por enfocarse 100% en su preparación de cara al primer compromiso de peso en la era Bolillo: la Copa Oro 2015.
Incluso, fue decepcionante saber que si había sido una decisión de este tipo por parte de los jugadores, cómo fue que El Bolillo no pudo hacerlos entrar en razón, en comunicarles de que las críticas de la prensa nunca acabarán y que el trabajo por parte de ellos era el de callar bocas con resultados dentro de la cancha y que para eso, como primera opción, estaba la Copa Oro.
Al final, la medida de El Bolillo y los jugadores no resultó ser otra cosa que una malcriadez. Una postura descabellada, luego de que se anuncia, ocho días después, de que las puertas volverán a estar abiertas todos los días para la prensa de cara a la Copa Oro que está a la vuelta de la esquina (del 7 al 26 de julio).
De todo este teatro que se montó, solo espero que dentro de la Roja hayan aprendido la lección, de que su preocupación debe estar enfocada en lograr la mejor preparación posible para afrontar el reto que se avecina. Deben saber que las críticas seguirán, ya sea con las puertas del estadio Rommel Fernández abiertas o cerradas para la prensa.
No olviden que esto apenas inicia, y es mejor que estén preparados psicológicamente para los comentarios que lloverán para las eliminatorias, de cara al Mundial de Rusia 2018.