Crímenes atroces
Los primeros crímenes atroces en el país se cometieron en 1995. Los nombres de las víctimas todavía conmueven a todos. Amparo Morales y Oristela Batista, quienes murieron en manos de sujetos con personalidades psicópatas.
Entre los más recientes resuenan los seis cuerpos dentro de una fosa común en Pedregal y el de la joven Luz Michelle Orocú, quien murió descuartizada y quemada por su pareja en Chiriquí.
Según el psiquiatra Augusto Thomas, en Panamá las conductas de los crímenes están cambiando sobre todo por la influencia de las redes sociales y la internet, donde en ocasiones hasta enseñan estrategias para asesinar.
Aseguró que muchos padecen de psicopatía que no es una enfermedad mental, sino un trastorno de personalidad: los enfermos mentales cometen los delitos impulsados por sus alucinaciones y delirios, mientras que los psicópatas planifican sus crímenes en pleno uso de sus facultades mentales. Todos comienzan con hurtos, violencia doméstica, robo agravado y violaciones que desencadenan los crímenes.
Según el fiscal Rafael Baloyes, el Ministerio Público se ha encaminado en estrategias modernas para entender los casos de homicidios. Señaló que entre 2016 y 2017 han llevado 34 casos, de los cuales sobre 60% se ha logrado imputar. En 2017 se duplicó el trabajo de 2016. La Fiscalía de Homicidios y Femicidios descubrió que el 70% de los delitos tienen que ver con el crimen organizado.
El psicópata es el típico malvado, es reincidente, una vez sale de su castigo, vuelve a delinquir