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Quiere olvidar
Lo primero que el institutor Stanley Clark pensó hacer al salir de su encierro en el Centro de Custodia de Arcoíris en Tocumen la noche del viernes, fue ir a una iglesia a dar gracias a Dios por su libertad, pero al no poder hacerlo, ayer, a primera hora, junto a su familia fue a la iglesia Don Bosco, en Calidonia, a agradecer por estar fuera de lo que él considera la experiencia más difícil de su vida. Clark relató que su estadía y la de sus otros compañeros ha sido triste, los demás reos los trataron muy mal y todos los días les decían que nunca saldrían de allí, de igual forma, aseguró que los custodios se burlaban de ellos y trataban de hacerlos explotar y encontrar una forma de someterlos, pero no lo lograron. Todos han padecido de resfriados y brotes de alergia, además de que las comidas eran repartidas en horarios que sus cuerpos no asimilaban y sufrían de hambre o dolores de estómago. El joven dijo que el daño sufrido no es físico, pero sí emocional, porque nunca pensaron que la justicia fuera tan cruel y que parte de la sociedad también. Clark no quiere regresar al Instituto Nacional (IN), pues sabe que siempre será juzgado por los demás, aunque sí quiere terminar sus estudios y dejar el pasado atrás. Para su madre, Rubiela Clark, el sufrimiento de ella y las demás madres no tiene nombre. Asegura que la lucha no ha terminado, pues los liberados estarán bajo investigación tres meses más y tendrán que firmar por la medida cautelar otorgada, ella ha perdonado a quienes los señalaron y espera que los otros siete estudiantes corran con la misma suerte que su hijo.
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