Rutas escolares indígenas de Panamá enfrentan peligro mortal por falta de infraestructura
Las comunidades indígenas son una población importante en Panamá al representar el 17,2 % de los 4,2 millones de habitantes, de acuerdo con el censo de 2023. Pero las siete etnias, Emberá, Wounaan, Guna, Ngäbe, Buglé, Naso y Bri-Bri, registran las mayores tasa de pobreza con falta de infraestructura y necesidades básicas.
El camino a la escuela se ha vuelto un peligro mortal para miles de estudiantes indígenas de la comarca Ngäbe-Buglé, en el oeste de Panamá, cerca de la frontera con Costa Rica, al tener que atravesar ríos con fuertes caudales ante la falta de infraestructura que asegure las rutas escolares.
La muerte de estudiantes originarios se ha repetido en esa zona -golpeada por el abandono estatal, los altos índices de pobreza y la falta de desarrollo urbano-, sobre todo por ahogamiento durante la época lluviosa, que va desde abril hasta diciembre, coincidente con al calendario escolar.
Las lluvias torrenciales de Panamá complican aún más los característicos caminos irregulares, llenos de lodo, con montañas empinadas, puentes de madera improvisados y ríos crecientes de la comarca que los alumnos recorren a diario, muchas veces durante horas.
Hace menos de una semana, el torrente de un río en la comarca Ngäbe-Buglé se cobró la vida de otro estudiante de 16 años cuando, presuntamente, regresaba a su casa de hacer los deberes en otra comunidad. Se ahogó por la fuerza de la corriente y los vecinos lograron recuperar su cuerpo a la mañana siguiente.
"Para nosotros es algo preocupante porque no solo en este tiempo, sino que durante muchas décadas, la comarca ha sido una comunidad muy marginada y, realmente, no se nos ha tomado en cuenta", relata a EFE Heriberto Santos, líder de los padres de familia de la lejana comunidad de Cascabel, en el interior de la comarca.
En esa misma localidad, el año pasado dos niñas de 5 y 8 años perdieron la vida ahogadas por una crecida repentina, una catástrofe que refleja los más de 70 casos tanto de estudiantes como de profesores fallecidos desde 2.000 a causa de torrentes de agua en la comarca Ngäbe Buglé, según un informe de ONG Fudespa y JuxlaE.
Las comunidades indígenas son una población importante en Panamá al representar el 17,2 % de los 4,2 millones de habitantes, de acuerdo con el censo de 2023. Pero las siete etnias, Emberá, Wounaan, Guna, Ngäbe, Buglé, Naso y Bri-Bri, registran las mayores tasa de pobreza con falta de infraestructura y necesidades básicas.
Puentes colgantes, una solución en procesoAnte esa tragedia periódica, el Gobierno de Panamá está levantando al menos 50 puentes colgantes de 2.750 metros lineales dentro de esa zona indígena en un intento de rebajar los peligros para los menores de edad y adultos que se desplazan a pie durante horas para acudir a la escuela, otra comunidad o, simplemente, al trabajo.
"Es muy difícil traer este tipo de soluciones a estas áreas que son remotas (...) Quizás parece un cauce tranquilo, pero en época lluviosa, se intensifican y traen sorpresivamente cabezas de agua", explica a EFE Itabé Medina, ingeniera del Ministerio de Obras Públicas, desde la comarca Ngäbe-Buglé.
La cartera de Obras se desplazó junto con el Ministerio de Gobierno (Interior) a varias comunidades de la comarca para inspeccionar los puntos más críticos, así como los avances de los puentes colgantes. Tanto los vecinos como los profesores presentaron ante las autoridades un listado de infraestructuras a solventar.
Bajo un presupuesto de 18,2 millones de dólares, el Ejecutivo prevé facilitar el acceso a los centros educativos y localidades de entrada compleja para menguar las dificultades de movilidad por culpa de la geografía de la zona a través de esos puentes que beneficiarán a 17.000 estudiantes en 43 centros educativos.
"Volteen la mirada hacia la comarca""Es un beneplácito recibir a nuestros niños día tras día. Esa era la preocupación que tenemos, o teníamos, antes de la construcción del zarzo (puente colgante), ya que la comunidad queda a dos horas de la escuela (...) Aún el peligro está latente porque no estamos exentos a lo que nos dicta la naturaleza", dice a EFE el profesor Danilo De Gracia.
El docente relata desde la remota comunidad de Sardina las dificultades que deben atravesar a diario sus estudiantes, el riesgo que supone la fuerza del agua para los más pequeños y otros puntos peligrosos en la localidad, por lo que instó al Gobierno a dirigir las miradas hacia las necesidades de la comarca.
"Han pasado tantas situaciones de dolor, de luto, han quedado familias con dolor que no se va a superar nunca, pérdidas humanas, víctimas que lamentar. Solicito al gobierno que voltee la mirada hacia nosotros, hacia nuestros niños, que son el progreso y el futuro de la nación", denuncia De Gracia.
Como recalca a EFE la ministra de Gobierno de Panamá, Dinoska Montalvo, se deben respetar las maneras tradicionales de tomar decisiones dentro de la comarca e integrar a los indígenas en los espacios de conversación claves para tomar acción porque "ellos saben qué hay que hacer, dónde y cómo intervenir".
Los puentes colgantes supondrían una pequeña tregua para los estudiantes que caminan hasta dos horas por trayecto para aprender en esa comarca indígena, en la que a día de hoy culminar la educación básica es un riesgo.