Torta que no llega a brownie...
Dejémonos de hipocresías y de doble moralistas con eso de la discriminación en Los Brownies porque si fuera por eso, la televisión local lleva años discriminando a los campesinos, a los homosexuales, a los chinitos y a las mujeres cuando de ellos se burlan en los diferentes sketch comedy que presentan.
Personalmente tengo sentimientos encontrados con Los Brownies, producción estelar de Telemetro que se presenta de lunes a viernes a las 9pm y que ha despertado todo tipo de comentarios. Así como aplaudí, lea bien, solo el esfuerzo de El Picarón de Nex y El Candidato de TVN por llevarnos algo diferente, propio y producido en casa, así mismo aplaudo el riesgo de Telemetro con este proyecto; pero el problema de Los Brownie no es de riesgo ni de producción. El problema es otro más grave. Es de contenido, de inteligencia y de talento.
Lo lamento, pero no hay que ser Fernando Gaitán (autor de Yo soy Betty la Fea) para darse cuenta que la historia de Los Brownies cae en zonas comunes, aburridas y sin un hilo conductor que atrape realmente. No hay que ser Patricia Reyes Spíndola (actriz, maestra y directora de actuación mexicana) para darse cuenta que en este proyecto hay talentos nuevos que actúan muy mal, otros regular y talentos con experiencia en teatro y televisión que lo hacen peor y por ende sus interpretaciones además de poco creíbles, se ven falsas, sin fuerza actoral y pobres.
Se supone que Los Brownies nos debe, mínimo, hacer reír y sí, a mi me hace reír pero del cabreo al verlos, primero porque no puedo creer que pierdan esta oportunidad de abrir caminos y segundo por ver cómo nos tratan de tarados quienes escribieron ciertos parlamentos y por quienes actúan ciertas escenas.
Esto es bien triste porque como producción visual para televisión, Los Brownies se ve bien. Su edición es digna, con pocos brincos, buena fotografía, encuadres, iluminación bastante bien cuidada y se nota que detrás de ella hay una inversión interesante, pocas veces vista para un producto local. Es triste porque, otra vez, recurren a la misma zona de confort donde se hace o se trata- de hacer televisión entretenida con los mismos temas trillados, que aburren, que ni siquiera crean suspenso entre un capítulo y otro, pero sobre todo que queda siendo televisión tonta hecha para audiencias tontas y no se vale. No se vale que recurran a los típicos personajes de la loquita-caliente, de la tonta-viva y de la millonaria-rica-pobre. ¿Hasta cuándo?
Es imperdonable que en Producción Telemetro haya recurrido a la aburrida historia de los ricos que se hacen pobres y los pobres que se hacen ricos en pleno año 2014 cuando, ni siquiera, con su Buko Millonario se hace rico alguien en este país. Es imperdonable que hayan recurrido reitero, igual que siempre hacen todos- a que los negros sean los pobres y los blancos los ricos. A que los vulgares sean los pobres y los dizque no vulgares los ricos.
Quienes están detrás de los libretos de Los Brownies se les olvida y esto no tiene que ver con estériles luchas clasistas- que cada vez son más los de cuello blanco a los que se les sale el cobre, roban las arcas del estado y/o de empresas. Se les olvida que hay pobres negros de Colón que han dado cátedra de dignidad, honestidad y educación que muchos blancos soñarían con tener. Se les olvida que bien podrán invertir los roles y enviar un mensaje mucho más positivo y menos clasista que el que hoy, disfrazado de humor quieren presentar.
Para que Los Brownies fuera diferente la historia bien pudo presentarse al revés. ¿Por qué si se iban a arriesgar con una producción propia no se salieron de los patrones comunes y los ricos eran negros o indígenas, por ejemplo? Si se van a arriesgar, arriésguense bien. ¿Captan?
Los Brownies como experimento es interesante el riesgo, como producción es digna visualmente, pero como historia serial de humor una mala torta que no llega a brownie.