Derrochan agua en el desierto
El Carnaval de Lima se caracteriza por colocar piscinas en las calles a pesar de que el líquido escasea en la región.
@DiaaDiaPa
El Carnaval de Lima, en Perú, no tiene disfraces, máscaras o desfiles, ni tampoco reinas, comparsas o chirigotas, ya que el agua empapa los barrios más populosos de la ciudad, la segunda más grande del mundo sobre un desierto, en una derrochadora batalla acuática clandestina, perseguida con grandes multas.
Bajo el sol estival de los cuatro domingos de febrero, los limeños se lanzan agua con la única premisa de que nadie se salve, sin acordarse aparentemente del estrés hídrico de la ciudad, donde solo llueve un promedio de siete milímetros al año y el agua disponible no alcanza para abastecer a sus diez millones de habitantes.
En el Callao, la ciudad portuaria de Lima, los vecinos ocupan la vía pública con piscinas portátiles, y la familia y vecinos, sin importar la edad, terminan empapados, en un ambiente donde la cerveza corre de mano en mano durante horas, mientras la salsa y el reguetón calientan aún más el ambiente.
Conscientes del malgasto de agua, el Servicio de Agua Potable y Alcantarillado de Lima (Sedapal) advirtió que Lima derrochó 120,000 metros cúbicos de agua en febrero del año pasado, lo que equivale a treinta piscinas olímpicas.
El derroche se da mayormente en zonas donde utilizan conexiones clandestinas o conexiones que no cuentan con medidor, e incluso usan sin autorización los grifos contra incendios, alertó la especialista comercial de Sedapal, Cecilia Maurtua.