El drama de los sobrevivientes
Dos años después de la matanza en la escuela Sandy Hook de Newtown, el dolor sigue muy presente en esta pequeña localidad de Connecticut (EE.UU.), pero las medidas para evitar que este tipo de tragedias se repitan han sido limitadas.
El 14 de diciembre de 2012, Adam Lanza, un joven de 20 años con problemas mentales, disparó a su madre mientras dormía y a continuación se presentó fuertemente armado en la escuela primaria a la que había asistido en su infancia, donde mató a 20 niños y 6 adultos antes de quitarse la vida.
Fue el segundo tiroteo en una institución educativa más mortífero de la historia de Estados Unidos, solo superado por el que en 2007 dejó 32 muertos en la Universidad de Virginia Tech.
Hoy, como ya hizo hace un año, Newtown conmemorará en silencio el segundo aniversario del drama.
Sin actos oficiales y con un llamamiento a que la prensa respete la intimidad de las familias.
El segundo aniversario, como el primero el año pasado, será observado con reflexión y recuerdo personal. No habrá ceremonias formales u oficiales organizadas por la ciudad o el distrito escolar, señalaron en un comunicado conjunto la primera edil, Patricia Llodra, y el responsable de las escuelas de la zona, Joseph Erardi.
La ciudad se plantea actualmente la construcción de un memorial para recordar el drama, mientras que ha iniciado la construcción de una nueva escuela y discute además qué hacer con la casa de Lanza, que fue adquirida por el ayuntamiento y podría ser demolida.
Entre los afectados por la tragedia, el trauma continúa siendo evidente, según las informaciones que han ido goteando en los últimos meses sobre numerosos casos de ansiedad, depresión y otros problemas psicológicos entre la población de la localidad.