Los grandes terremotos Ocurrieron en Chile de 9.5 (1960) y Alaska de 9.2 (1962).
El reciente terremoto de magnitud 8.2 en la costa chilena fue, a pesar de su extraordinaria fuerza, un acontecimiento normal en términos sísmicos para el planeta, donde de media, cada año se registra al menos un temblor de intensidad similar o superior y 18 que rebasan los 7 grados. Los terremotos sufridos el jueves en Papúa Nueva Guinea y Nicaragua, de magnitud 7.1 y 6.2, respectivamente, no hicieron más que confirmar una rutina telúrica avalada por las estadísticas del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS).
De lo que se sorprenden sus expertos es del reducido número de víctimas que se cobran estas descomunales sacudidas gracias, sobre todo, a las medidas preventivas de algunos países que promueven la construcción de infraestructuras capaces que mantenerse en pie cuando la naturaleza insiste en derribarlas. Tal es el caso de Chile y de Japón, ejemplos citados a Efe por el geofísico de USGS Paul Caruso, quien confirmó que, a pesar de todos los adelantos tecnológicos, hoy en día nadie puede predecir un sismo.
Los avances más prometedores para minimizar la pérdida de vidas humanas se han producido en Japón con su sistema de alertas de respuesta rápida, que en 2011 permitió que se avisara a los residentes en la populosa Tokio de que iba a tener lugar un sismo de gran magnitud instantes antes de que ocurriera. Aquel movimiento telúrico de 8.9 se produjo frente a la costa de Sendai, a más de 370 kilómetros al norte de Tokio, y la destrucción que siguió se debió principalmente al tsunami y no a la sacudida.
Las redes sociales e internet han jugado un papel fundamental en situaciones de emergencia.