Se unieron sin temor al ébola
Robert Kollie y su prometida aplazaron su boda de octubre ante el brote de ébola que asolaba la capital de Liberia. El Gobierno había advertido a la gente que evitara grandes aglomeraciones, y las bodas están llenas de besos y abrazos. Una sola persona que estuviera enferma sin saberlo podía infectar a decenas.
Un mes más tarde, aunque el ébola sigue afectando a zonas del África Occidental, la situación ha mejorado en Monrovia, y un hermoso parque de los suburbios al este de la capital vuelve a estar concurrido los fines de semana con fotógrafos y fiestas de bodas. Incluyendo la de los Kollie.
Cuando se estaba extendiendo el ébola y al mismo tiempo se estaba preparando mi boda, me pregunté a mí misma ¿qué le diré a Dios si muero en esta crisis y no me caso?, dijo Yongor Kollie, de 31 años, quien estaba rodeada por sus damas de honor. Así que hoy, soy una mujer feliz.
Feliz, pero prudente.
Incluso antes de venir aquí, tuvimos que lavarnos las manos, dijo el novio, de 33 años, al referirse a los ubicuos cubos de plástico con agua y lejía que los liberianos han terminado por aceptar como parte de la vida cotidiana.