Primer Plano | 07/16/17 00:00

Jean Carlos Díaz

jeancarlos.diaz@epasa.com

@jeandiaz1331

Wilfredo Reyes es una persona con discapacidad visual, pero desafía las barreras y los retos que a diario se le presentan.

Su lema es claro: "con sacrificio se logra ser alguien en la vida". En este proceso, su madre, Tedy González, ha sido su mejor baluarte.

Haber nacido con glaucoma congénito jamás ha sido un impedimento para luchar por sus sueños.

Estudios internacionales indican que esta enfermedad, que provoca la pérdida visual severa e irreversible, afecta a uno de cada 30 mil recién nacidos vivos.

La faena de Wilfredo se inicia al levantarse a las 3:00 a.m. y se alista para salir a las 3:45 a.m. Su guía, un bastón, con el que sale desde la casa 34 B, en La Gloria de Cerro Campana, distrito de Capira.

El camino que recorre para abordar el transporte hoy es casi un paseo. Antes era un pequeño camino pedregoso sobre una loma muy inclinada. Hace cinco años se cortó la calle y se le puso una leve carpeta asfáltica. Posteriormente, Wilfredo espera una chiva de la ruta interna, de lo contrario, le toca caminar entre la angosta calle sin aceras y un camino marcado por la vegetación de las montañas campaneras hasta llegar a la carretera Interamericana.

Su destino final es la Universidad de Panamá UP, donde cursa el último año de la Licenciatura en Derecho y Ciencias Políticas.

Su primera asignatura empieza a las 7:00 a.m., pero para evitar quedar metido en el infernal tranque en Arraiján, le toca madrugar.

Este joven ciego tiene claro que nada se consigue sin sacrificio, y si para una persona sin discapacidad es difícil, para él lo es el doble.

Entre las asignaciones universitarias, el compartir con sus compañeros de aula y demás, el tiempo va pasando. En el ocaso, participa de jornadas didácticas como prácticas de cantos, poesías, etcétera. Luego retorna a casa.

Antes de las 8:00 p.m. debe abordar una de las últimas "chivitas" que lo dejan lo más cercano a su hogar, de lo contrario, le toca caminar desde la entrada de Campana hasta La Gloria. Este trayecto tarda hasta una hora, no existe más guía que su instinto, la costumbre, el bastón y el positivismo que lo caracteriza.

Al menos le gusta caminar, y le toca hacerlo, ya que la economía en su hogar, donde vive con sus padres y sus cinco hermanos, no es tan favorable.

A eso de las 10:30 p.m., Reyes está bajo su techo. No sin antes ordenar sus tareas para el día siguiente. Luego duerme unas cuatro horas.

Para ahorrar tiempo, mientras va en el transporte desde la capital al Oeste, se pone a estudiar haciendo uso de la tecnología con un teléfono móvil.

En Campana es reconocido como un ejemplo de superación, pues a sus 27 años de edad ha enfrentado cada etapa de su vida como si no hubiese mañana.

Su mayor anhelo es concluir su carrera universitaria, cursar estudios de docencia superior y una maestría.

Él sabe que será complicado ganarse la confianza de sus clientes por ser ciego, pero confía en que su capacidad intelectual y preparación universitaria lo ayudarán a salir adelante.

Su mayor deseo es enseñar a los demás un poco de lo que ha aprendido como profesor. A su juicio, cuando se vive por y para la discapacidad, se vuelve un círculo vicioso. Su objetivo es proyectarse fuera del ámbito de la discapacidad.

Desafíos

Llegar a esta etapa no ha sido fácil, si no fuera por la perseverancia, hoy día no estaría a poco tiempo de pararse frente a un tribunal a litigar.

En su juventud tuvo varias limitantes para ingresar a los colegios. Su primaria la hizo en la escuela Harmodio Arias Madrid, en Villa Rosario de Capira.

Al llegar a la secundaria se le complicó el escenario, tocó las puertas del IPT Capira, la Pedro Pablo Sánchez PPS y otros colegios. Allí prácticamente fue dejado con la mano extendida, pero no se doblegó.

Luego de buscar ser aceptado en distintos colegios, llegó al Primer Ciclo Balboa en El Coco de La Chorrera, donde pudo ingresar.

Antes le aplicaron una prueba de 15 días para evaluar su desenvolvimiento ante su discapacidad.

En 2008 entró a la PPS y se graduó de bachiller en Letras en 2010. Fue en este lapso donde se lanzó a la calle solo, reto que resumió en tres palabras: "lucha, disfrute y resultado".

En primer año deseaba entrar a este plantel, pero no fue aceptado. Demostró que su capacidad no era impedimento para estudiar en una de las escuelas más prestigiosas del país, siempre fue un estudiante distinguido.

Posteriormente, entró a la Facultad de Derecho de la UP, en 2012. También tuvo participación en muchos concursos; en quinto año, representó el circuito 8-2 en la Asamblea Nacional, como diputado juvenil.

Pasó por un proceso de rehabilitación en la Unión Nacional de Ciegos, en Las Cumbres, donde reforzó actividades de la vida diaria e informática.

Muchas veces pasó por su mente "ya no puedo más, hasta aquí llegué". No obstante, su mamá ha sido un pilar muy fuerte, pese a que ella no fue a la escuela.

Esa mujer no titubeó en dejar de trabajar vendiendo legumbres en el mercado de Capira, olvidarse de las fiestas y otras actividades para dedicarse 100% a Wilfredo, especialmente en la educación. Esa era su cruz y aceptó cargarla desde el día uno, afirmó la progenitora. "Cuando me tuvo no tenía conocimiento de las personas con discapacidad... y a ciegas quiso educarme, sin saber qué le esperaba... si ella creyó en mí, cómo no creer yo en mí", recalcó Reyes.


370 mil personas con discapacidad había en Panamá, según la Primera Encuesta Nacional de Discapacidad Pendis 2006.

Actualmente, se estima que hay más de 400 mil personas con discapacidad, en la 2.ª encuesta se verificarán los datos.