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Ricardo Martinelli | 12/01/17 00:00

Ricardo Martinelli

Expresidente de Panamá

@diaadiapa

Qué difícil es ser oposición, pero más difícil es ser gobierno. Cuando te persiguen, estás en un jaque permanente. En gobierno, si bien mueves tus fichas y todo te sale bien, puedes hacer como en ajedrez, no uno, sino varios enroques cuando atacas al rey.

En oposición te la pasas criticando y quejándote de todo, en vez de proponer y felicitar cuando algo se hace bien. En gobierno te la pasas persiguiendo, pasando facturas, haciendo favores, gozando el puesto y algunos lucrando de él. Pero más que todo, te preocupas por el qué dirán en vez de estar luchando por resolver los problemas del pueblo.

En la oposición, el tiempo pasa lento, se siente en carne propia cada arremetida que te hacen a sabiendas de que es "una más", no la última, y lo único que te queda es aguantar, para cuando el viento cambia y tú seas martillo en vez de clavo.

En gobierno, el tiempo pasa rápido, no aguantas críticas, eres infalible, sientes que esto nunca se acaba y quienes te critican con o sin razón lo hacen por rabia o envidia. Es opuesto a cuando eres oposición.

Sabemos que ningún partido repite solo si haces trampa, aunque a ti te dicen que tú sí vas a repetir. Te dicen que otros no pudieron, porque ellos no habían hecho las obras que tú has hecho y tú sí has mejorado el país. Hiciste cambios de leyes electorales a tu conveniencia, tienes dinero y la maquinaria estatal, controlas el Tribunal Electoral, la Corte Suprema de Justicia y la Policía, pero aun así las probabilidades de repetir son mínimas. Viene el día de la definición y pierdes la elección, ¿cómo harás para que no te persigan? ¡Ah!, yo nombré la Corte y soy Parlacen. Entonces me dicen: ¡Oh!, pero si no le sirvió al anterior, porque violamos todos sus derechos procesales y no lo imputamos.

Me imagino este dilema en la mente de Varela. Ya yo pasé por ella y sé lo que viene. Lo bueno es que en el Cambio Democrático sí hay gente decente que no desea la revancha ni menos el pase de facturas, pero sí desea la disculpa pública de todos y cada uno de los que infringieron la ley, y así pasamos la página.

  • Columna de opinión