Los poderes del presidente son casi infinitos por cinco años, pues no elegimos a un gobernante, sino a un cuasimonarca absoluto.
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Ricardo Martinelli | 12/18/17 00:00

Ricardo Martinelli, expresidente de Panamá

Ricardo Martinelli

Expresidente de Panamá

@rmartinelli

Los poderes del presidente son casi infinitos por cinco años, pues no elegimos a un gobernante, sino a un cuasimonarca absoluto, que hace y dispone sobre el bien y el mal de todo un país. Veamos unos ejemplos.

Cuando quieres hacer una cita con un funcionario, otro empresario privado nacional o internacional, al presidente le toma cinco minutos máximo conseguir a cualquier ser humano, cuando a ti te puede tomar con suerte cinco días.

Este individuo se convierte en un tipo de "consiglieri" resolviendo toda clase de problemas legales, de herencia, litigios comerciales y disputas amorosas, rencillas políticas, en fin, todo lo que te puedas imaginar. Y lo peor es que la gente lo acata como si fuera la palabra de Dios.

¿Qué tiene que ver el presidente con tales problemas? Simple, el ciudadano común tiene una reverencia ante la autoridad, cada vez que de palacio "llaman", se deja todo para atenderlo o asistir a la cita y hacer la "cola" rutinaria y decir con orgullo "es que el presidente quiere verme ahora". Cuántas excusas no se han dado so pena de una cita presidencial y cuántas veces no dicen "me dijo el presidente".

Cuando se va a una recepción o boda, todos quieren hablarte y que los vean hablándote. Tus vagas y zonzas opiniones son inteligentes comentarios de alguien que sabe. Los chistes sin humor tienen destellos de carcajadas. Los consejos comerciales son de un conocedor más que un profesor de Harvard. ¡Oh!, si eres gordo mal vestido, siempre estás bello y hermoso. Cuando hablas, todos te escuchan y otros callan. Nunca tendrás un tranque vehicular, no pagas en los corredores ni en los restaurantes.

La política debe tener partidos abiertos que respeten la voluntad de sus afiliados y los políticos que pongan los intereses del país primero sobre los del partido y de ellos. El gobernante debe ser justo y equitativo. No un inquisidor de cada acto ciudadano ni un ofensivo represor de quienes lo critican y adversan. Debe ser honesto y buscar la paz de todos para encontrar la paz en sí mismo y, encima de todo, debe dejar un legado de crecimiento, amor, fraternidad y libertad.

Esto es lo que todos desean de su gobernante.