Chapulín de iguanas
Más de 100 iguanas forman parte de la vida diaria de Isabel Lezcano, de 80 años, un humilde ciudadano de Mostrenco, en el distrito de Alanje, provincia de Chiriquí, y que por años ha tenido de fieles compañeros a estos reptiles.
Es conocido como el Chapulín de iguanas, debido a que por largos años se dedicó a manejar equipos dedicados a la agricultura, hoy en día su trabajo se centra en una fábrica de bloques. Sin embargo, su mayor pasión es criar iguanas, pero no como un negocio ni para un bien alimenticio, sino porque están en peligro de extinción.
Desde tempranas horas de la mañana, Isabel despierta pensado en que sus amigas deben comer pronto. Inicia su faena diaria y a eso de las 9:00 a.m. grita muy fuerte: Ey, vengan, hacia los árboles de mango que están en el centro de su patio. Es el llamado para que sus amigas, las verdecitas, como les dice, bajen de los árboles a comer.
El alimento preferido de los reptiles, según cuenta, es el guineo, pero en ocasiones cuando esta fruta hace falta, se alimentan de hojas, así como de algunos vegetales crudos e inclusive de mango. No obstante, esta fruta es esporádica, debido a que se cosecha bajo un tiempo estipulado.
Los reptiles viven en 15 árboles de mango sembrados en el patio de la casa en unas dos hectáreas de terreno, propiedad de don Isabel. Allí se refugian de la lluvia, ya que el clima frío no es su mejor aliado.
Los días que llueven, esas muchachas, si tienen que quedarse sin comer, se quedan sin comer, porque ni tan siquiera bajan de los árboles, son enemigas del clima frío y de la lluvia, explica Isabel Lezcano.
Recuerda que antes era amante de comerse las iguanas, pero ahora su objetivo es cuidarlas para que nadie les haga daño.