Cuna del buen humor
Cada esquina del pueblo de Monagrillo, en Chitré, está llena de anécdotas, chistes y cuentos de tarde en tarde.
Es un lugar tranquilo, de gente echá pa alante, trabajadora y divertida, donde para todo incluyendo los malos ratos- hay un comentario alegre y en donde cada situación puede convertirse en un chiste.
Así es la gente de Monagrillo, famosa por sus dichos, singulares apodos y considerada la cuna del buen humor, el cual se plasma en cada situación, aún las más difíciles.
Cuenta que en Monagrillo nadie tiene secretos. Que la vida de todos es conocida y que pase lo que pase usted siempre podrá enterarse en las esquinas, parques, alrededor de la billetera o en el minisúper.
La historia en este pueblo se conoce en chiste, lo que hace difícil saber cuáles situaciones fueron reales y cuáles fruto de la imaginación de los antepasados.
Para algunos moradores, la jocosidad del pueblo es parte de su idiosincrasia, sobre todo en los de mayor edad, ya que las historias y chistes han pasado de generación en generación.
Nos reímos en los velorios, del rico y del pobre, de las cosas malas y de las buenas, todo tiene su lado jocoso y no por ello es burla, si no parte de nuestra forma de ser, dijo el señor Juan, sentado en la banca del parque de Monagrillo.
El señor Juan relató que una de las épocas doradas del buen humor en Monagrillo era cuando los gringos estaban establecidos en Panamá. Añadió que cada vez que un grupo de soldados americanos se pasaba por el pueblo, daba pie para un nuevo chiste, debido a su forma de pronunciar ciertas palabras, o por el desconocimiento de algunos temas.
Mire que un gringo vino y una muchacha le echó el ojo y de regalo le llevó un ta mal. Al día siguiente se lo topó y le preguntó si le había gustado y el gringo le dijo que sí, pero que el repollo taba muy duro. ¿Puede creer que hasta la hoja de tallo se comió?, dijo entre risas don Juan.
De Monagrillo han salido grandes humoristas, entre los más reconocidos Andrés Poveda, Juan Bravo El Chiquitín de Mama, Gloria de Valdés, entre otros, que han logrado la fama a raíz de programas televisivos.
Pero la gracia del monagrillero está en su gente, en aquellos qu e no han saltado al estrellado, pero que alegran la vida diaria en este pintoresco lugar.