Queso de allá onde uno
Todo aquel que es interiorano es testigo de que una buena taza de café o té de hierba limón es muy rica si se le coloca en el fondo un pedazo de queso blanco.
Pero no es lo mismo el queso que se compra en un supermercado que el que se hace artesanalmente, el sabor es incomparable.
En Los Santos aún se encuentran personas que se dedican a preparar quesos artesanales, en especial para los velorios y novenarios.
Manuel María Bernal lleva 32 años de estar preparando quesos artesanales, pues es una herencia que le ha dejado su madre, Nidia Batista, quien le enseñó el oficio a la edad de 15 años.
Vila, como se le conoce en su pueblo, Santa Ana, expresa que uno de los secretos para hacer un buen queso artesanal es sacarle lo más posible el suero (agua donde se cuaja la leche).
Para que tengan un mejor conocimiento, el queso lleva un proceso de hora y media, y en los primeros 45 minutos es cuando se pone a cuajar.
El cuajo antes era en un pellejo de vaca en que se colocaba sal y se soleaba, pero luego salió una pastilla que hace la misma función, la leche se compacta igual.
Por ejemplo, para 50 litros de leche se le coloca una pastilla y se deja por espacio de 45 minutos.
Luego la leche queda compacta, pero contiene un agua que se llama suero, que es la que se debe sacar totalmente.
Pasado este proceso, se desbarata y se coloca el punto de sal, pero lo que se tiene que tener presente es que todo es a mano, excepto cuando se pone a moler.
Una de las anécdotas que le han pasado a esta familia es que un 26 de julio, día de Santa Ana y San Joaquín, santos patronos de su comunidad, misteriosamente sacaron 42 quesos, algo que es imposible, porque solo tenían que sacar 33. ¡Qué bien, más quesos!