Titin | 04/21/17 00:00

Para los que me leen y para los ejecutivos de las televisoras no es un secreto que no me gusta, ni un poquito, los shows en los que usan a niños para entretener a adultos me parecen nefastos, abominables. Tampoco esos en los que a los niños los ponen a hacer cosas que corresponden a los adultos ni mucho menos esos que engañen a los pequeños con esa farsa de que serán las estrellas de la música infantil y un montón de paja cuando ya es bien sabido que después de que las televisoras los usan, no los apoyan más y si los apoyan, tienen unos contratos leoninos en los que se quedan con un buen porcentaje del ingreso que obtengan esos niños, por eso cuando vi la primera promoción de expectativa de 'Oye mi canto', de TVN, me dije, otra porrrrrrquería más de esas donde usas a niños para que enfermos pederastas se den gusto viéndoles por televisión.

¿Qué pasó el miércoles con el estreno de este show? Que no me decepcionó. Que, con todo y las deficiencias que evidentemente tienen en su producción, entiéndase, edición, secuencia, tiros de cámara, escenografía, iluminación, ritmo y enfoque claro del formato, estamos ante un show bonito en su forma.

Sí, puede parecerle una contradicción con lo que escribo en el primer párrafo, pero no, y les voy a sustentar por qué.

Primero, Oye mi canto es un show en el que están, a cuadro, realmente involucrados los padres de los participantes. Ese solo hecho lo hace familiar, lo hace entrañable y envía un mensaje de familia. Un mensaje de amor entre padres e hijos.

Segundo, es abismalmente opuesto a esas cosas horrendas que se llamaron Pequeños Gigantes, de Telemetro, y Canta Conmigo, de TVN, en el que usaban a los niños participantes para entretener a adultos y que los vimos hacer papeles de gente grande y gestos lejanos a lo que un niño es.

Tercero, todos los participantes, más allá del talento que tengan o no, fueron tratados como niños, se vieron como niños, transmitieron emociones por la inocencia propia de los niños, lo que a mí como crítico me dice que la producción los está cuidando como lo que son: niños.

Cuarto, y lo más importante, TVN se está reivindicando, ante su audiencia y con su prime time después del desacierto de la porrrrrrquería esa que se llamó Big Brother; lo que significa que regresan a sus proyectos especiales de producción nacional entre semana –para toda la familia- estrategia que siempre les caracterizó y resultó.

Y es que TVN desde siempre usó parte de su prime time entre semana para incluir un proyecto –gustara o no- que sentara a la familia como núcleo a ver televisión. Ejemplos sobran: Tu cara me suena, Vive la Música, La Batalla Típica, por mencionarles algunos y, ahora, reitero, regresan con esta propuesta de show de concurso musical en el que niños participan junto a sus padres. Otra vez le dicen a su audiencia "vengan los miércoles y siéntense a ver televisión en familia con nosotros". Vuelven a su esencia, y esto es bien interesante porque sucede precisamente en una pantalla que, el año pasado, tuvo proyectos que fue más perder-perder que ganar, aunque no lo admitan.

Con relación a sus hosts tenía mis dudas, sobre todo con la Sra. Carolina Dementiev porque ella está muy cómoda en su zona de confort de muñequita bonita y fashionista. Dudé que sirviera para este tipo de proyectos porque todos sabemos registra muy bien a cuadro y siempre está con lo último en moda, pero de carisma para un show, en el que se requiere que su host contagie a los que sintonizan, tenía muy poco, pero me equivoqué.

Dementiev se desprendió de sus lugares comunes y demostró ser sensible, cero frívola, con una ternura hacia los niños muy creíble, muy natural, con una conexión con los niños maravillosa y el resultado fue de empatía entre ella, los niños y la audiencia. Personalmente a mí me calló la boca y en este primer show vi a una host muy bien plantada que supo perfectamente manejar su ya creada imagen de mujer guapa con la sensibilidad que ahora vive como mamá y en pantalla se vio reflejado y es lo que un show como este requiere de su presentadora: sensibilidad-ternura-empatía con los niños y conectar con las audiencias. Yo solo le sugiero que deje de gritar porque no hay necesidad y que su vestimenta no le robe más atención que su participación.

Su copresentador, el Sr. Ludwik Tapia, siendo tan talentoso, le quedó grande este proyecto o lo que en él hace. Su participación fue perversa. Desde cómo se veía él visualmente a cuadro, el cómo lo vistieron, cómo sus "emociones" se vieron superfingidas, hasta cómo sus intervenciones fueron tan imperceptibles cuando lo que debió lograr era mover emociones al momento de hablar con los padres. O yo soy muy cabrón que no me movió ni un poquito o él es muy malo para ese ejercicio. Más pareció esos modelos que ponen de relleno en los shows para leer los tuits de las audiencias o las menciones de los patrocinadores.

Oye mi Canto en este primer show tiene mucho que mejorar en su producción como un todo porque llegaron momentos en que se caía en ritmo y estaban a nada de pasar a lo aburrido, pero también mucho más que aplaudirle porque vuelven a intentar reunir a familia a ver televisión de entretenimiento familiar. Fue un show sano y eso es ganancia. Veremos qué pasa cuando este show arranque de verdad.

  • Los 'shows' en los que usan a niños para entretener a adultos me parecen nefastos, abominables.