El recuerdo de su madre es el motor que mueve los sueños y las ilusiones de José González. Foto: Anayansi Gamez

Por:
Víctor Bárcenas -
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Viernes 07 de diciembre de 2012 08:35 PM

Esta mañana, mientras la mayoría de los chicos correrán a la cama de su madre, la felicitarán, le darán un fuerte abrazo, un cálido beso y dirán feliz Día de la Madre, José “Pibe” González asegura que inclinará su rostro y pedirá templanza al Todo- poderoso para que este le dé fuerzas para soportar la partida de su ser más querido, su madre, Tania Irene Joly.

El “Pibe” González, la nueva joya del fútbol colonense, el portador de la camiseta número 12 del Árabe Unido, con la que levantó el título en el pasado Torneo Apertura de la Liga Panameña de Fútbol (LPF), tendrá que lidiar con el primer Día de las Madres sin el ser que le dio la vida, aquel que lo vio nacer y le entregó todo su amor, de manera incondicional.

“Será duro, como también lo fue el día de su cumpleaños (28 de octubre). Ese día no quise comer, pero siempre me arrodillaba a pedirle a Dios que me diera la fortaleza para soportarlo”, contó José. “Me imagino que el Día de la Madre será igual, pero yo inclinaré mi rostro y oraré bastante para que Dios me regale la resignación, que necesito”, añadió el jugador.

Pese a esto, afirmó que al igual que su madre, hará lo posible para ocultar su dolor y mostrar su mejor cara, pues si Dios la mandó a buscar, solo Él tiene la razón.

Un día que marcó su vida

“Mi madre falleció el 8 de julio de 2012, cuando estaba muy cerca de cumplir los 50 años (49). Ella tenía ya casi un año padeciendo la enfermedad, fue algo que lo sufrimos todos”. En los días difíciles, “siempre tratábamos de estar con ella. Cuando la miraba, la besaba, la abrazaba, le demostraba que la amo. Hacíamos lo posible para demostrarle lo que ella aún significa para nosotros”, agrega José con la voz quebrantada, pero con fortaleza y la convicción de que “Dios tiene el control de todo”.

Dios conocía su corazón

“Por una parte, toda mi familia quedó un poco tranquila (con su fallecimiento), claro que me duele porque quisiera tenerla conmigo, pero ella estaba sufriendo mucho y mi mamá era muy luchadora, a ella no le gustaba que notaran su dolor. Si Dios se la llevó, Él sabe por qué lo hizo. Él conoce su corazón y sabe que mi madre fue una gran guerrera”, expresó.

Apenas con solo 21 años, el “Pibe” tuvo que aprender a vivir sin su bastón. El cáncer de mamas le arrancó una parte muy importante de su corazón, pero la Biblia, el apoyo que encontró en su familia, su padre, quien lleva su mismo nombre, y en su equipo, el Árabe Unido, le han enseñado que todo sucede por un propósito, y esta razón es el combustible que ahora mueve su alma hacia el camino del triunfo.

“En un principio yo no entendía. Le recriminaba a Dios por qué me quitó a mi madre, pero fue entonces cuando Él comenzó a actuar en mí, por medio de su palabra”. “No fue que yo iba a la iglesia desesperado en busca de Dios, yo siempre tuve personas que me venían a predicar. La Palabra vino hacía mí. Dios a través del siervo mandó su Palabra, entonces yo fui entendiendo, empecé a leer la Biblia y esta me ayudó a recuperarme, siempre apoyándome en el Salmo 27:10, que dice que: ‘Aunque mi padre y mi madre me dejaren, con todo, Jehová me recogerá”.

Añade González que “estas palabras siempre me hacen fuerte. Yo sé que mi madre está con Dios y allá está en paz y contenta porque estoy haciendo lo que ella quería, ser un hombre de bien y jugar fútbol”.

Su amor fue la luz en mi vida

Asegura este habilidoso volante que uno de los recuerdos que siempre guarda de su madre es su forma de ser, su carácter armonioso que le transmitió amor, pero templanza y rigidez al mismo tiempo, para llevarlo por el camino adecuado.

“Siempre añoro su forma de ser, ella era muy amable, incluso con 21 años ella me decía ‘bebi’. El amor de madre es así, pero también fue una madre muy estricta. Este es un barrio (Villa Caribe, Colón) en el que las cosas no andan bien con la juventud, y ahora gracias a los regaños que ella me daba, soy un ejemplo para los niños, ellos quieren seguir mis pasos. Gracias a ella que me corrigió de chiquito, me hizo que terminara mis estudios”, confiesa José que “cuando empecé en el fútbol me quise salir de la escuela, pero ella no lo permitió, y gracias a Dios, a mi padre y a mi madre obtuve mi diploma de sexto año”.

“Luego ingresé a la universidad, estuve hasta segundo año y me salí por situaciones que pasaron en mi vida, pero el próximo año me matricularé otra vez, es una deuda que tengo pendiente con mi madre”, además, “hablando con el profesor Jair Palacios (técnico del Árabe Unido), él dice que el que no va a estudiar en su equipo va duro, así que terminaré mi carrera de Administración Marítima y Portuaria”.

Ya son cuatro meses en los que el “Pibe de Oro”, como lo apodan en su barrio (Villa Caribe, Colón), ha tenido que convivir sin su madre, pero él asegura que aunque ella no esté físicamente, siente su presencia, incluso en los últimos partidos del torneo en el que se coronaron, ella estuvo allí, él sintió su mano, además se convirtió en ese impulso extra que necesitaban en esos momentos difíciles.

Su presencia aún me acompaña

“Ella fue el impulso, yo siempre siento su presencia. Cuando jugamos en el Rommel Fernández, ante el Plaza Amador (16 de noviembre de 2012), antes del partido de ida de las semifinales, se me salieron las lágrima y mis compañeros me abrazaron, luego, cuando ellos se fueron, yo sentí la presencia de mi madre junto a mí, ella me acompañó en todo el partido. Recuerdo que ese día jugué contento, porque mi mamá estaba allí y nos guió al triunfo. La verdad es que siempre siento su presencia, en la mañanita, en la tarde o en la noche. A donde yo vaya mi madre siempre está conmigo”, expresó.

El “Pibe” es el hermano menor de cuatro que crecieron en la familia González, un hogar que como él comenta, siempre estuvo lleno de amor, y que ahora, a la falta de uno de los pilares (su madre), lucha para salir adelante, apoyándose en el recuerdo de Doña Tania, una mujer que entregó todo por el bien de sus hijos. Para hacerlos ciudadanos de bien, dignos frutos de la provincia de Colón.

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