Por:
Milagros Murillo -
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Martes 27 de septiembre de 2011 06:34 PM

En un reportaje que hizo un compañero, tras entrevistar a distintos extranjeros, quienes en este caso son dueños de fondas, me llamó la atención que todos concordaron en que a los panameños no nos gusta trabajar.

Es una fuerte afirmación, pero debo admitir que tiene su parte de veracidad y que brindan un mal servicio. Y es que, ¿quién no ha ido a un local de extranjeros en el que aparte de ofrecer buenos productos, dan una amable atención? Esto, comparado con algunos panameños (no son todos) quienes desde que llegas al lugar te miran con cara de pocos amigos y te tratan de la patada...

¿Qué cuesta decir un buenos días, gracias, hasta luego? Sé que todos los días uno no está del mejor humor y el mejor ánimo, pero eso al cliente simplemente no le importa.

Otra prueba de ello es cuando se llega al Aeropuerto de Tocumen, he sido testigo de cuando llegan extranjeros a Panamá y les dicen “¡Paseeee!”, “¿¡De dónde viene!?”, así de tajante y golpeado...

Por lo menos no me ha pasado como a unos que cuando llegaron a Panamá, la mujer que los atendió les bostezó en la cara, y por casi se los traga.

Aunque el fin de semana nos ocurrió en un restaurante donde tuvimos que esperar a que la mesera se chupara una naranja y luego de echarse las pepitas en la mano, nos fuera a atender como si nada, sin siquiera lavarse las manos... ¡plof!

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