“Mo” Rivera compartió sus conocimientos con los niños de su natal Puerto Caimito. Levy Cruz

Por: Roberto Acuña.
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Viernes 10 de febrero de 2012 09:47 PM
¡Tremendo maestro! El resplandor del sol posado sobre el inmenso cielo y la paciencia y sabiduría del laureado cerrador de los Yanquis de Nueva York, Mariano Rivera, iluminaron, la mañana de ayer, el camino y la mente de decenas de niños pertenecientes a la comunidad de Puerto Caimito, quienes visiblemente entusiasmados, asistieron a la clínica dictada por el mejor taponero de la historia.

En el campo de béisbol de Puerto Caimito -donde comienzan a hilvanarse los sueños de los peloteritos pertenecientes a la academia Mariano Rivera- tuvo lugar el encuentro entre los admiradores y el ídolo. “Mo”, que repartió besos en las mejillas a diestra y siniestra entre las damas de la comunidad que lo saludaban; regresaba así a su pueblo natal, a enseñar y a dar cariño, luego de tener un delirante temporada durante la cual impuso un nuevo récord histórico de salvamentos (603) en las Grandes Ligas.

- “¿Cómo están?” -, preguntó Rivera.

- “¡Bieeennnnn!” - respondieron los infantes al unísono.

Las instrucciones dadas por el futuro Salón de la Fama, quien se presentó ataviado con el uniforme de entrenamiento de los Yanquis, fueron claras y contundentes: “Muchachos, hoy (por ayer) quiero que absorban lo más que puedan todo lo que van a aprender aquí. La práctica hace la perfección y nosotros practicamos todos los días para llegar a hacer algo bueno”.

Acto seguido advirtió: “cuidado con las palabras sucias que salen por allí”.

Durante cerca de dos horas y media, el ilustre atleta, de 42 años de edad, y quien estuvo acompañado por su esposa Clara, se fajó junto a los niños: les indicó cómo apañar, métodos de calentamiento, la mecánica de lanzamiento y también les reveló alguno que otro secreto de su famoso “cutter”, la especialidad de la casa.

“Vine a darle lo mejor de mí a los jóvenes y espero que puedan asimilar y obtener algo”.

Ver a tantos niños le hizo recordar a Mariano su infancia, en la cual se divertía entre bates de palo y manillas de cartón. “Ojalá que, en mis tiempos (de infancia) hubiera tenido un cuadro como en el que vamos a practicar hoy (por ayer); antes, mi campo de juego era la playa”.

Tuvo temor de padecer cáncer

Respecto a sus problemas en sus cuerdas vocales (ya operadas), Rivera afirmó que “ahora mismo estamos bien” y, además, confesó: “tuve temor de padecer cáncer, ya que tenía como unas úlceras en la boca”.

“Estuve muy preocupado por eso, estuve recientemente con la doctora y ya me dio el visto bueno (para jugar). Gracias a Dios, todo salió negativo y la operación (le extirparon pólipos de las cuerdas vocales en diciembre) fue exitosa”, manifestó “Mo”.

¿Retiro?

“El Expreso” se mantiene entrenando, y el retiro no forma parte actualmente de sus pensamientos. “El momento llegará”, dice, pero cuando se sienta seguro de que lo quiere hacer.

“Tengo 18 temporadas con ellos, ahora mismo lo que me importa en seguir haciendo las cosas bien, sé que es un tanto difícil, por la corredera de los aviones, de los hoteles, pero yo no estoy para quejarme, sino para hacer las cosas bien”, reiteró Rivera.

“Si fuera por mí, jamás me retiraría, pero el momento llega, esto (el béisbol) es algo que tú lo vives, que lo llevas por dentro. El día que me decida hacerlo (colgar los guantes), crean que lo voy a hacer”.

Sobre el adiós de la actividad beisbolera de su gran amigo, el boricua Jorge Posada, receptor con el cual ha logrado la mayor cantidad de salvamentos durante su carrera, opinó “que los Yanquis seguirán siendo los Yanquis, sea quien sea que se retire”.

La charla con “Mo” fue amena...

- ¿Después de Posada, viene usted?

- “Tal vez, puede ser”.

- ¿Le hubiera gustado que Posada hubiese estado en la receptoría el día del salvamento 602?

- “Claro que sí, indudablemente, pero lastimosamente no pudo ser. Oré mucho por eso”, respondió “Mo”.

- Considera que usted está a la altura de deportistas como Roberto Durán y Rod Carew.

- “Yo nunca me he considerado más o menos que nadie, simplemente siempre he tratado de dar lo mejor de mí. Soy compañero de equipo. Para mí la máxima figura del deporte panameño se llama Roberto Durán y eso siempre lo tendré claro”.

“Lo que quieran decir de mi persona, lo considero bien”.

Embriagado por la emoción, Mariano expresó que Puerto Caimito es su “pueblo, su casa, su hogar... su tierra”. Sostuvo que en este lugar, plagado de humildad, necesidades y gente trabajadora, está su familia. Y fue más allá: “Les aseguro que no hay tierra como la de nosotros (Panamá)”.

Fue “Mr. Sandman” quien agradeció a los niños por toda la admiración y cariño. “Gracias por venir aquí, gracias por el tiempo que pasaron conmigo”.

Incluso, un peloterito quiso conocer cuál era la clave del éxito y, gustoso, “Apaga y Vámonos” se la reveló: “Primero que todo, amor a Dios y, luego disciplina, lo cual incluye aprender a escuchar, a obedecer al técnico. Eso nos hace mejores”.

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