Por:
Joany De Gracia -
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Lunes 27 de agosto de 2012 07:49 PM

 

El respeto que los alumnos y sus padres le deben prodigar al docente parece asunto del pasado; antes, los alumnos les llevaban frutas a sus maestros, en la actualidad les dan veneno para ratas.

La semana pasada se registraron dos hechos de violencia que demuestran lo mal que andan los jóvenes. Una alumna de 13 años, en Chiriquí, le cortó la cara a su profesora de religión, y otra de la misma edad intentó envenenar a su profesor.

Recuerdo la deferencia que le tenía a mis maestros, a quienes mis padres les daban toda la potestad para regañarme o castigarme si obtenía bajas calificaciones o me portaba mal en la escuela.

Mi madre no tenía la necesidad de ir a la escuela porque mis maestras, de regreso a sus casas, pasaban a la mía para contarle con lujo de detalles mis travesuras del día; mientras ellas hablaban en el portal, yo escuchaba temblorosa detrás de la puerta porque sabía lo que me esperaba.

Pero esto era porque los docentes de aquella época tenían esa investidura de respeto y los padres confiaban ciegamente en ellos. Ahora, nadie los respeta. Me contaba una amiga profesora que ni ella ni sus colegas se atreven a llamarles la atención a sus alumnos porque enseguida van los padres a reclamar, y hasta terminan culpándolos de los fracasos de sus hijos.

No podemos negar que hay educadores cuyo sistema de enseñanza es tan malo que todo el salón termina fracasado, pero la mayoría son buenos. Ojalá se pudieran rescatar los valores, que los padres les inculquen a sus hijos que a los docentes hay que respetarlos, pero también es importante que ellos se ganen ese respeto.

 

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