Alberto Quintero demostró todo su talento.

Por: Gabriela Herrera
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Miércoles 12 de septiembre de 2012 08:37 PM

El estadio lleno a reventar ve el número 19 en el tablero luminoso que anuncia su salida. Los fieles paganos se levantan y con sus palmas reconocen que el hombre que cede su puesto dejó en la cancha sangre, sudor, lágrimas, sacrificios, garra, liderazgo... pero sobre todo un derroche de fútbol de calidad difícilmente visto en Panamá.

Así salió la noche del martes del Rommel Fernández el volante Alberto “Negrito” Quintero, el mejor jugador, con diferencias, que tiene la selección. Indiscutible junto a Felipe Baloy y Jaime Penedo.

El aporte del hombre del Chorrillo FC al juego colectivo panameño se hace notar. Lo vieron aquellos que estaban en la parte más alta del estadio y lo reconoció el comentarista de Espndeportes.

Cada vez que Quintero hacía contacto con el balón era como si el estadio se iluminara, se advertía peligro. Era como si los caminos al gol se dibujarán como un mapa sobre el verde del coloso de Juan Díaz.

Por eso no es de extrañar que las mejores noticias del juego ofensivo de Panamá llegaran cuando la esférica tocaba sus pies.

Tan influyente es que los canadienses no sabían por dónde les saldría ni cómo detenerlo. Por eso fue víctima de las patadas de sus rivales, pero ni las agresiones pudieron frenar su ímpetu.

Diferencias

Lo anterior quedó plasmado en la jugada de gol de Blas Pérez. Ahí se notó la inmensa diferencia que hay entre Alberto Quintero y cualquier otro jugador que aspire a ocupar su puesto.

“Negrito” pone el listón muy alto. Su continuidad en la selección y su titularidad dependen de él y de su técnico, claro está.

El segundo gol

Resulta que “Negrito” combinó con Rolando Blackburn, quien le devuelve el balón en una pared preciosista. El 19 sorteó una patada artera de un canadiense desparramado en el campo, el árbitro no advirtió o quizás sí, la cuestión es que dio la ventaja.

Entonces, con el balón como bandera, el panameño se metió hasta la cocina y en la línea final donde los otros solo pueden ver el césped porque no saben ni pueden levantar la cabeza, “Negrito” vislumbró un pase a gol, como el que le regaló a Blas Pérez, y el “Ratón” le dedicó a su padre fallecido. Lo demás es historia.

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