Por:
Milagros Murillo -
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Martes 18 de septiembre de 2012 07:59 PM

 

Antenoche, cuando estaba a punto de acostarme, cayéndome de sueño caí en cuenta de mi mala costumbre de chequear el celular cada cinco minutos. Y es que, antes de dormir, lo último que veo es el celular, hago un repaso por el Twitter, el Facebook, el BB messenger, reeleo algunos correos, chequeo la hora o busco algo en la internet. Pero eso no es todo, porque aparte de que duermo con el celular al lado, al despertarme, sea cual sea la hora, lo primero que hago es revisarlo.

¿Cuántos no hacen eso mismo, cuántos como yo parecemos estar tan adictos al celular, al punto de que lo sentimos parte indispensable de nuestra vida?

Esto me hace recordar que antes, cuando por lo menos en Panamá no estaba a nuestro alcance ni siquiera los 'bloquesitos'. Aún me parece increíble lo incomunicados, pero a la vez comunicados que estábamos. Cuando había que ir al teléfono público de donde llamábamos hasta para averiguar la hora.

En mi casa, cuando no teníamos teléfono, nos llamaban al de la vecina de atrás de la casa "señora Briseeeeiiiidaaa, teléeeeefono" y mi mamá corría loma abajo para contestar.

Recuerdo cuando nos instalaron el teléfono en casa, que mi hermana y yo emocionadas porque era de dígitos y no como el de mi abuela de disco (según nosotras era toda una modernidad).

Jajajaa allá en Antón se llamaba al teléfono público (que aún existe). Recuerdo en los veranos las carreras que pegábamos desde la casa cuando lo escuchábamos sonar, pues sabíamos que esa podía ser la mamá de uno de los primos o primas que nos juntábamos, claro! Y ahí quedábamos todos pegados porque cada llamada desencadenaba el "mamá mándame esto.. Mamá mándame plata y así... En ese tiempo que no existía el BlackBerry o los Android ni nada de eso, igual estábamos comunicados, sin necesidad de poner la cama al lado del teléfono público. Ojalá y logre aunque sea quedarme tres días sin el bendito “BB”!, aunque la verdad, lo dudo...

 

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