Por:
Joany De Gracia -
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Lunes 12 de noviembre de 2012 08:21 PM

Coincido con el autor de “Cien años de soledad”, Gabriel García Márquez; no hay mejor profesión que el periodismo, y no precisamente porque sea bien o mal remunerada, sino por las satisfacciones profesionales y personales que nos deja.

Yo siempre quise ser periodista. Apenas sabía leer y escribir cuando ya soñaba con ser reportera; en vez de jugar a las muñecas, me iba a la biblioteca Jacinto Velásquez en Soná, y allí pasaba horas leyendo libros de cuentos mientras mis amiguitos corrinchaban afuera.

Al ingresar a la Escuela de Periodismo, el profesor Milciades Ortíz nos habló de los aspectos positivos de la profesión, como el estar en sitios donde pocos pueden ingresar; en la mañana podemos cubrir una actividad en un hotel cinco estrellas y en la tarde en el barrio más pobre y peligroso de la ciudad.

Nos mencionaba lo importante que es tener vocación para esta profesión, que es sacrificada y en muchos casos peligrosa e ingrata. Que si pretendíamos hacer riquezas mediante ella, estábamos a tiempo de cambiarnos de carrera.

Pese a sus advertencias, casi todos sus alumnos seguimos adelante y hoy la autora de esta columna, al igual que Melitza Solano, Mirna Ortega, Cilinia Prada, Magali Montilla, Hugo E. Famanía, Marta Caballero, Atenógenes Rodríguez, Dinora Villarreal, Edy Vásquez y muchos otros compañeros más, somos, modestia aparte, excelentes periodistas.

De este profesor, a quien sus alumnos llamamos “Mao”, aprendí que mi labor ante la sociedad no es solo informar, sino también ser agente de cambio a través de nuestra profesión.

A todos los colegas en su día, ¡FELICIDADES!

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