Por:
Ariosto Velásquez -
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Lunes 14 de enero de 2013 07:47 PM

Esta es nuestra primera columna del año, en ella quiero desearles a todos los amantes y trabajadores del folclor un excelente año para que sigamos trabajando en la divulgación y el fortalecimiento de nuestra identidad cultural que tanto necesitamos ante los cambios de nuestra sociedad.

Igualmente, espero que tengamos un año lleno de sorpresas en nuestra música típica, que despeguen nuevos talentos y que la producción de temas sean del gusto de los panameños.

Pero empezando el año, también es necesario recordar que el pasado domingo se cumplieron siete años de la desaparición de Ñato Califa y 10 de los integrantes de su agrupación; entre ellos “Chía” Ureña, la indiscutible reina de la cumbia.

Acontecimiento que a solo siete años es muy poco recordado y que trastocó la vida de la música típica, las manifestaciones públicas de aquel entonces por parte de políticos y figuras del gobierno de turno fueron abrumadoras, pero después de ello no ha pasado con la cumbia.

Los más fieles seguidores crearon un “Festival que la Cumbia no muera” que aún no ha tenido la fuerza esperada por no contar con el apoyo de nadie. La cumbia que debe ser aupada como la más auténtica expresión chorrerana de música, no tiene un incentivo importante para su supervivencia.

Eso lo sabe Jiovani Hernández, el hijo de Chía Ureña , quien luego de una promesa ha seguido contra viento y marea como el sucesor de la cumbia, pero si no se le apoya, en unos años la cumbia solo será un bonito recuerdo.

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