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Lunes 04 de marzo de 2013 11:26 PM
El Titín

¿Una cosa es producir contenidos para internet y otra, muy diferente, hacerlo para televisión abierta. Los hábitos de consumo son diferentes, los códigos de lecturas de contenidos son otros, la audiencia es otra y el lenguaje es otro.

Al ver ¿Quién TV?, programa que transmite Telemetro a las 10 de la noche los sábados, queda claro, por un lado, el desconocimiento de los hábitos de consumo de mucha de la gente que hace y programa televisión y, sobre todo, el exceso de vulgaridad en nombre del horario o de la frase cliché “este programa es para adultos o adúlteros”.

¿Quién TV? no es La Cáscara. Tampoco es Infraganti. No es Calle 13 ni siquiera se asemeja a Picardías. Es un monstruo sin cabeza. Es una producción sin orden en pantalla. Es un espacio que, se supone, busca acaparar una audiencia adulta joven, cansada de ver La Cáscara, harta de ver Infraganti y por ende ir creando un nicho de audiencia que después pueda competir de tú a tú con los demás.

El tema aquí es que en ese mal entendido de que a los jóvenes les gusta la vulgaridad, sus talentos delante y detrás de cámara, incluyendo a sus actores a cuadro, se pasan de vulgares, de ordinarios y recurren a la misma chabacanería, obscenidades innecesarias “tapadas” con el audio censor y eso, según ellos, es lo “pritty”. Y no, esto no tiene que ver con ser puritanos. Tiene que ver con que hasta para decir vulgaridades en televisión se necesita arte para hacerlo bien y que sea imperceptible.

Hay una gran diferencia entre ser irreverentes y ser vulgares. Entre divertir sin censuras y abusar de la libertad que nos puede permitir un horario “adulto” en televisión abierta. Entre apostar a ser una alternativa de diversión adulta y ser lo mismo y hacer la misma porquería que los demás.

Sí, aquí varios de sus “sketch” de críticas sociales son ideas frescas, bien escritas, creadas, grabadas, logradas, pero es triste que en esa producción haya talento que no tiene la más remota idea de la oportunidad que están desperdiciando. Que algunos, en pésimas y sobre actuadas apariciones, están dejando “en duda” su capacidad actoral reconocida por muchos.

Sí, es verdad que visualmente su producción le da dos patadas a La Cáscara y cuatro a Infraganti, pero de qué sirve eso si su contenido ni siquiera nos permite reírnos y disfrutar si hay más “piiiiii” que audios. ¿Es tan difícil llegarles a los jóvenes sin irnos a los extremos de lo grotescamente vulgar? ¿Qué de diferente pueden ser de Infraganti o La Cáscara si recurren a las mismas porquerías que ellos sacaron del Carnaval y al mismo recurso de la loca amanerada? ¿Eso es ser creativo? ¿Qué estudio les reflejó que eso es lo que quiere ver el panameño a las 10 de la noche? ¿Es necesario decir tanta vulgaridad? ¿Quién les dijo que quién te ve quiere eso?

A ¿Quién TV? le urge primero conocer ellos quién los ve en televisión abierta. Urge que replanteen la necesidad apremiante que parece tienen de ser vulgares, grotescos y practiquen la irreverencia y el sarcasmo para televisión. Eso es un arte que no están demostrando tener. En la tienda del chinito hay bastante jabón de a cuara. Úsenlo... en la lengua. ¡Boquisucios!

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