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Sábado 10 de agosto de 2013 11:02 PM
Dr. Gaspar Aramis Da Costa Foster

Una vecina y amiga me preguntó recientemente sobre la enfermedad de Parkinson, y me solicitó que le diese la explicación a ella y a nuestros queridos lectores. Agradezco su confianza y procedo a cumplir la misión encomendada, reiterando un escrito realizado meses atrás en este espacio.

La enfermedad de Parkinson es un trastorno neurodegenerativo crónico que lleva el nombre del médico inglés quien describió este síndrome por primera vez, James Parkinson. Este trastorno conduce con el tiempo a una incapacidad progresiva, producida a consecuencia de la destrucción, por causas que todavía se desconocen, de las neuronas pigmentadas de la sustancia negra. Implica predominantemente un trastorno del movimiento, desencadenando además, alteraciones en la función cognitiva, en la expresión de las emociones y en la función autónoma. Afecta a ambos sexos, y aparece generalmente a partir del sexto decenio de vida; aunque existe una forma precoz que se manifiesta en edades inferiores a los cuarenta años. Su diagnóstico es clínico y se piensa ante la detección de la característica tríada rigidez-temblor-bradicinesia (lentitud motora) con la ausencia de síntomas atípicos. Claro está se deben excluir otros posibles trastornos por medio de técnicas de imagen cerebral o de laboratorio.

El diagnóstico puede realizarse en aquellos individuos que presenten al menos 2 de 4 signos cardinales: temblor en reposo, hipertonía muscular (rigidez muscular), bradicinesia (lentitud en los movimientos voluntarios e involuntarios, pero principalmente dificultad para comenzar y terminarlos) y pérdida de reflejos posturales.

El temblor en reposo está presente en 85% de los casos. La ausencia de expresión facial, disminución del parpadeo y del movimiento de los brazos al caminar completan el cuadro clínico.

El temblor aparece en reposo y disminuye cuando el paciente está realizando alguna actividad o durante el sueño. La enfermedad puede aparecer con una ligera contracción en la cual el temblor suele afectar el brazo, la mano o los dedos conocido como «movimiento de hacer píldoras» o «movimiento de contar monedas» que se caracteriza por un movimiento de desplazamiento hacia adelante y atrás de los dedos pulgar e índice. Los síntomas de temblor afectan inicialmente un solo lado del cuerpo.

La pérdida del equilibrio ocasiona caídas y lesiones. Esta dificultad y la pérdida de la capacidad de mantener la postura se evidencian principalmente en la marcha, al girar y al permanecer de pie. También al intentar levantarse o al inclinarse adelante.

La bradicinesia o lentitud en los movimientos hace que el paciente se tenga que esforzar sobre todo, en los movimientos de precisión como abrocharse los botones o escribir. Cuando la enfermedad avanza puede tener dificultades para levantarse de la silla, darse vuelta en la cama y tiene que caminar lentamente. Suele aparecer una «congelación» durante un breve periodo cuando está caminando.

Los síntomas empeoran gradualmente con el tiempo de evolución, el estrés y las situaciones emocionales que causan ansiedad. Los síntomas suelen mejorar con el descanso, el sueño y se utilizan técnica de relajación o cualquier estrategia para controlar el estrés y la ansiedad.

A veces los pacientes refieren dolor en las piernas por calambres, frío, ardor o sensación de entumecimiento y dolor de cabeza (cefalea) o dolor de cintura (lumbar). Además de dificultades para dormir (por la ansiedad, el dolor o la rigidez muscular). El cansancio es un estado de agotamiento físico y mental muy común. La depresión puede ser causada por la enfermedad o por una reacción a la misma. Los signos de depresión incluyen alteraciones del sueño, de la memoria, del apetito, del interés en la vida social o sexual, pérdida de energía o motivación para ciertas cosas y un concepto negativo de sí mismo. Al paciente le cuesta aceptar su estado y se enoja por sus limitaciones.

La ansiedad aparece ante cualquier situación estresante, por no poder realizar las tareas cotidianas como el paciente estaba acostumbrado o por tener que hablar en público. La ansiedad puede llegar incluso a provocar mayor inestabilidad, dificultad para respirar y sudoración excesiva. Para evitar que esto suceda son de gran ayuda las técnicas de relajación.

Entre las alteraciones cognitivas suelen aparecer dificultades en la concentración, la memoria, el pensamiento enlentecido, la capacidad para planificar tareas complejas o para realizar varias tareas a la vez.

La contención emocional de las personas que rodean al paciente es fundamental y un componente clave en la atención del parkinsoniano, pues le proporciona numerosos beneficios. La confusión y las alucinaciones que pueden aparecer son efectos secundarios de la medicación parkinsoniana y no de la enfermedad misma.

Por lo complejo del cuadro, es importante encontrar un médico dispuesto a acompañar a la familia y al paciente en este proceso y ser proactivo en el manejo farmacológico e integral con el fin de retrasar el deterioro y mantener la mejorar calidad de vida posible para el núcleo familiar afectado. Idealmente, se debe buscar la atención de un equipo, al menos multidisciplinario que puede abordar todos los ángulos de esta condición.

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