El Instituto Panameño de habilitación Especial, en el 2010, brindó sus servicios de habilidad especial en centros educativos a 199 niños, de ellos 137 eran hombre y 62 mujeres.
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Miércoles 15 de octubre de 2014 10:00 PM
Odalis Orozco

En Panamá no existen estadísticas precisas sobre la cantidad de niños, jóvenes o adultos que padecen el autismo.

El autismo es un trastorno neurológico que padecen algunas personas, y que afecta la socialización, comunicación, imaginación, reciprocidad emocional y presenta algunas conductas repetitivas.

Mara Lee de Navarro, madre de un niño con autismo, explicó que en Panamá no existe un programa integral y profundo para la atención de estas personas, debido a que algunas fundaciones mantienen programas de pocas horas. Además, manifestó que es difícil entrar porque se debe formar fila en la lista para poder integrar al menor al programa.

Mara tiene un hijo autista al que atiende al 100%, dejó de laborar tiempo completo luego del nacimiento de su hijo. Al crecer, el niño exigía mayores compromisos de cuidados, así que tuvo que dejar su trabajo como terapeuta de estimulación temprana para dedicarse a él. Indicó que los padres deben organizarse para la atención integral a los niños.

Su día empieza muy temprano, debe llevarlo a la escuela, luego a las terapias programadas que deben ser diarias y sin fallas.

A pesar de estar separada de su esposo, este le apoya con los gastos, porque son altos. Como mínimo, mensualmente se gasta entre 500 a 600 dólares entre medicamentos, doctores y tutores.

“Es difícil, sin embargo doy gracias a Dios que podemos atenderlo”, dijo Mara, al pensar en otras madres con niños autistas y que vivan en extrema pobreza.

En Panamá no hay muchas opciones para atender a los niños con autismo, y los que existen están al límite. Las terapias van desde 20 a 30 dólares la hora.

“Cuando hay una persona en casa con un padecimiento, las cosas cambian”, dice Mara. “No tengo vida propia e incluso su hermana ha tenido que madurar para ayudarme a atender a sus hermanos”.

Por su parte, el profesor de Educación Física Franklin Paz indicó que las terapias para los niños autistas se basan en ejercicios de psicomotricidad e intervenciones psicoeducativas. Esto debido a que los niños tienen dificultad de realizar los movimiento correctamente, además de prestar atención, este tipo de conducta incide al sedentarismo del niño y en su comportamiento.

Las terapias se realizan tres veces a la semana para la coordinación de sus movimientos, de acuerdo a sus capacidades físicas.

Si no es un cuadro complejo, son dos terapias y se recomienda que vayan a una fundación con programas de estimulación, para que realicen actividades integrales.

Paz explicó que los profesores de Educación Física educan a los niños en sus movimiento musculares, trabajan en aumentar sus niveles de concentración, atención visual y en fortalecer sus músculos.

Otra función importante en la terapia es trabajar la parte gesticular y el equilibrio correcto de su cuerpo, que debido a los movimientos repetitivos no se desarrollan correctamente sus músculos y puede causar deformación.

Se le fortalecen sus capacidades físicas y se busca proyectar nuevas habilidades motoras como nadar, manejar bicicleta, jugar bolo, patinar, entre otras. Esto le ayuda a integrarse en un programa de socialización, que es difícil para el autista. Las actividades se realizan en lugares conocidos para ellos, por no adaptarse tan fácilmente a los sitios y personas.

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