()
Por:
-
| |
Viernes 19 de diciembre de 2014 12:00 AM
  • El señor vive lo que hace y eso también lo hace diferente al resto de los talentos.

Es evidente que yo no suelto a Luis Casís cuando de criticarle su “astucia” periodística se trata. Él además de que tiene nula dicción, varios de sus reportes van de lo sublime a lo ridículo haciendo escala en lo patético y hasta en lo irresponsable por eso de creerse “el corregidor” de las autoridades, todo con el aval de las cabezas de su noticiario; sin embargo, así como le he dado seguimiento a sus múltiples trabalenguas, también le he puesto la lupa, sin compasión, a su comportamiento en cada uno de los casos de ayuda que lleva a la pantalla.

Le he puesto la lupa porque desde que el Sr. Guillermo Ferrufino apareció hace años con ese show donde lloraba por todo llamado ¿Qué tal si te digo? fui crítico de este tipo de espacios porque me olía –sin ser Malcom Ramos y su poder de ver, dizque, el más allá- que esas lágrimas, supuestamente honestas, se podrían convertir después en votos electoreros. El tiempo me dio la razón y no necesité ser el Macumbero Mayor.

Sé que esto no va a gustar y que me tacharán mis detractores de insensible, pero la función del periodismo es informar un hecho. Primero lo investiga, constata las pruebas y después lo publica en cualquiera de las plataformas mediáticas que existen. El periodista no es el que debe resolver problemas de operaciones, ni donaciones ni causas lacrimógenas más que la búsqueda de la verdad con un periodismo responsable y ético. Todo lo demás, por muy honesto que sea el motivo por el que se está haciendo, es parte del show de hacer televisión y muchas veces jugar con las miserias de la gente para generar ratings. Punto. Hay una gran diferencia entre hacer periodismo social, que es el que cubre fuentes educativas, ecológicas, religiosas, los temas de salud, de derechos humanos o en el mundo de las organizaciones sociales y otra, muy diferente, hacer show de causas humanas en espacios de noticias para ganar protagonismo.

Pero más allá de eso que deberían saberlo las cabezas de las televisoras y definir qué géneros periodísticos son los que desarrollan en sus noticiarios, cuales serán sus contenidos y qué función va a desempeñar cada una de sus fichas a cuadro, me quiero centrar en el Sr. Luis Casís porque, espero no equivocarme más adelante, hay una gran diferencia entre lo que hemos visto de otros talentos en televisión y lo que hace este señor y, aunque parezca contradicción mía, les voy a sustentar esto.

Partamos de que son pocas las personas que como el Sr. Casis se tiran encima causas como las que el se ha tirado y, sobre todo, la solución que él ha logrado. Eso tiene mucho mérito porque, por un lado el Sr. Casís lleva años haciéndolo y han pasado varias campañas políticas y este señor no se alejó de los medios para convertirse en un candidato más, lo que indica, hasta ahora, que no se ha aprovechado de “sus causas” para llegar a puestos de elección popular.

Por otro, al aire se nota una gran diferencia, en humildad entre el Sr. Casís y otras figuras que hacen lo mismo. Él se ve que lo disfruta. No pone cara de “olor a pupú” cuando tiene que abrazar a un desvalido o a una abuela bocacha o meterse en una casa condenada. El señor vive lo que hace y eso también lo hace diferente al resto de los talentos de su pantalla y otras pantallas.

A pesar de que varias de sus historias van del melodrama corta venas al súper héroe que todo lo logra, el aún se ve humilde, por lo menos a cuadro y en su comunicación corporal es evidente que disfruta no solo lo que hace, sino el encontrar una solución, aunque sea momentánea para sus causas. No se ve fingido ni falso logrando empatía en su audiencia.

Ahora, Luís Casis tiene que definir qué es lo que el va a hacer en televisión. No puede un día ser el corregidor y el otro, el Superman de los menos desvalidos. Debe tener mucho cuidado en no dejarse usar, en su afán de lograr sus causas, por politiqueros de turno o gente que quiera limpiar su imagen aprovechándose de las necesidades que el presenta y de su buena fe.

Yo dentro de todo lo que pueda criticarle a él, lo felicito porque creo que lo que está haciendo, lo hace de corazón. Eso es lo que percibo y para que un cabrón como yo sienta eso, algo bueno debe estar haciendo él y que me está llegando como audiencia. ¡Cuidado Casís! Que quede claro que no creo en santos que orinan. No se pierda en el camino y no le falle a los que estamos confiando en su buen corazón, en las causas que se toma como propias, aunque, insisto, eso no es la función del periodismo. ¡Está en mi mira!

No dejes de leer