Defienden su derecho a seguir viviendo al lugar que los vio crecer.   Foto: Yanelis Domínguez
Defienden su derecho a seguir viviendo al lugar que los vio crecer. Foto: Yanelis Domínguez
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Miércoles 24 de enero de 2018 12:00 AM

Cemento puro sin ningún tipo de calidez humana, así se está quedando el área de San Felipe en los últimos años, luego de que sus residentes han sido obligados a salir del lugar para darle paso al auge económico a través de construcciones de hoteles y negocios.

 

Dicho panorama es incompatible con las normas que rigen los sitios declarados Patrimonio de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura Unesco, por sus siglas en inglés y al cual el Casco Antiguo pertenece desde el año 1997.

Esther Sánchez, presidenta de la Asociación de Moradores de San Felipe, está clara en ese tema y aseguró que el negociado impera sobre el bienestar humano y la seguridad social de los residentes del lugar.

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Ayer, una vez más los pocos moradores que quedan salieron a protestar en la entrada de la Presidencia de la República y entre ellos yacía un ataúd que significaba la muerte del lugar como un sitio protegido y falta de humanidad por todos los gobiernos en turno.

Según Sánchez, si acaso quedan 100 familias en el área. Hasta la fecha el Gobierno solo les ha dado la solución de trasladarlos a un proyecto habitacional en Panamá Oeste.


Según el urbanista Michael Córdoba, la funcionalidad del Casco Antiguo necesita un área desalojada, pero a la larga podría perder su verdadera esencia.
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