El escrito es expresidente de la República de Panamá.
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Ricardo Martinelli -
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Lunes 23 de abril de 2018 01:00 PM
 
En la vida hay seres especiales que te inspiran a seguir luchando contra todas las adversidades, y como decía mi padre, el Dr. Ricardo Martinelli Pardini, después "cantarás y chiflarás". Sus sobrinos le decían "Don Richo", y es por él que tengo la entereza de mantenerme en pie, aun cuando peleo de forma desigual contra un monstruo sin principios, amoral y despiadado que no le importa un comino violar la ley y menos el mal que le hace a un país por su obtusa y desvirtuada actitud mesiánica.
 
Mi padre, hijo de italianos que vinieron con una mano adelante, la otra atrás y con la lengua afuera. Arribaron al Nuevo Mundo buscando oportunidades. El trabajo tesonero de mi bisabuelo Papa Ninno Pardini, mi abuelo Checco Martinelli y de mi padre, el primer graduado de Odontología en Panamá de una universidad americana como la Universidad de Maryland en el año 1941, cuando empieza para Estados Unidos la Segunda Guerra Mundial.
 
Este se viene a Panamá, abre su clínica de Odontología y trabaja por 20 años, después se va a Soná para laborar en una finca ganadera. Difícil es la vida del campo, pero producto del trabajo incansable pudo educar a sus cinco hijos en buenas universidades americanas, por eso heredamos la vocación del trabajo honesto, duro y responsable, pero también la voluntad de no saber rendirnos ante la adversidad.
 
Es por eso por lo que cuando nos saquearon todo en 1989, y quedamos quebrados económicamente, supimos salir adelante y llegamos a ser más fuertes y grandes que antes. Igual sucedió en el 2004, cuando corrimos para presidente y solo sacamos el 5.2% de los votos, quedamos detrás de la ambulancia. Otro se rinde, pero retornamos en el 2009 y sacamos el 62% de los votos, algo nunca antes visto, pero lo más sorprendente, en el 2014, dejamos el poder con el 69% de aceptación, la cual ahora me enseñan es superior a esa cifra, con todo y la andanada de palo, noticias falsas, procesos amañados y sin pruebas ni sustentos legales, de lo cual soy objeto en sus medios oficialistas y en su genuflexo sistema judicial.
 
Mi padre fumó cigarrillos por 35 años, y después de 30 años de haberlo dejado, le diagnostican enfisema pulmonar. Qué enfermedad más horrible y difícil. No tiene cura. Por eso detesto todos los vicios, en especial el cigarrillo que tanto daño hace. Mi papá era un roble de fuerte, lo vi irse desvaneciendo poco a poco hasta solo poder mover sus ojos, no tenía fuerza alguna para mover un solo músculo y aun así quería vivir y seguir peleando. 
 
Su convalecencia fue dura, nunca los cinco hermanos --que somos muy unidos y meterse con uno es enfrentarlos a todos, y eso yo no se lo recomiendo ni al más bravo de Boston-- nos separamos de él. Estuvimos a cada instante a su lado en el hospital. Somos inseparables. Allí vimos cómo la vida se desvanece y lo que antes fue ahora no era. Nunca perdió el humor ni dejó de reírse, vacilaba y piropeaba a las enfermeras, que lo adoraban. Les decía "las norsas".
 
Me acuerdo casi al final que ya no podía comer nada y le dábamos batidos de helados de Oreo que con sus miles de calorías, creo que le dieron unos días más de vida. Un día me dice la enfermera "él no se va porque usted no lo deja ir". Eso casi me mata, ya que antes de uno partir, siempre hay una leve mejoría, pero ya la cantidad de oxígeno que el pobre necesitaba era muy alta, y sus latidos eran cada vez más débiles y aun así seguía peleando por su vida, dándonos a sus cinco hijos, a mi madre, Gloria, y a sus yernos y nueras que uno no se rinde nunca, solo hasta que Dios decida lo contrario. ¡Qué lección de vida!
 
Por eso, Varela, ya sabes por qué yo no me rindo, no te daré el gusto, no porque conozca todo lo que haces y lo que hiciste, sino por ese legado familiar heredado de mi padre que prefiero podrirme en este infiernillo terrenal a que logres tu malsana venganza y acaben con la poca justicia que aún nos queda en Panamá. Como dice Lula en Brasil, todos serán Lulas, yo solo te reitero, en Panamá todos serán Martinellis. Recuperaré mi honra y mi nombre mancillado temporalmente y buscaré el momento adecuado para ir a mi país, que lo escojo yo, no tú.
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