"Estoy en espera de una decisión, tanto discrecional como política, de si soy o no extraditado a mi país", reitera el exmandatario.
Ricardo Martinelli, expresidente de la República de Panamá.
Ricardo Martinelli, expresidente de la República de Panamá.
Por: Ricardo Martinelli
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Jueves 07 de junio de 2018 02:30 PM

 

Cuando estás detenido, poco o nada puedes hacer por nadie en el mundo externo, salvo preocuparte por ti y tus diarias penurias que para otros en el exterior son verdaderamente insignificantes. Es por eso que mejor no pensar mucho en lo que pasa o hacen otros, ya que poco o nada puedes hacer al no tener control sobre ellos, solo sobre tu propio ser.

No te pueden visitar los parientes, amigos, socios o familiares, y si lo hacen es esporádico; no puedes ir a ver a parientes enfermos o a un sepelio ni preocuparte por tu carro, el seguro, cobro o pago de cuentas, amistades que te reniegan, copartidarios que te abandonan, impuestos que adeudas, obligaciones, tarjetas de crédito, mantenimiento de carros, tarjetas del corredor con recarga, etcétera. A veces no puedes llamar ni opinar ni contestarle a quien te requiere, en fin, la gente se olvida de ti y se aprovecha de tus circunstancias. Eres como un cero a la izquierda, que no cuentas; de ser jugador, ahora, si acaso, serás espectador.

 

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Esto me recuerda en la historia cuando los nazis invadieron Rusia, en la Operación Barbarrosa, en la cual prematuramente habían hecho un pacto de no agresión firmado el 25 de agosto de 1935, en el cual se dividían Polonia, y como veremos el mismo partir el mundo en áreas de influencia entre estos dos sistemas totalitarios.

Antes de invadirlos el 22 de junio de 1941, adoctrinaron a su ejército y crearon las cuadrillas de exterminio, llamadas "Einsatzgruppen", las cuales mataron sin compasión a todos los judíos, la población rusa y miembros del Partido Comunista, ya que estos eran considerados "subhumanos" y les dieron el nombre de "unterbrechen", o sea, que al asesinar a un ser humano no te considerabas un asesino porque a los que mataban no eran seres humanos, sino subhumanos.

Yo aquí en este centro de detención, así es como un ser humano se siente, en la cual sin derechos ni privilegios no puedes ni opinar ni hacer nada sobre el mundo exterior, ya que vives encerrado en una cúpula en donde solo sobrevives a duras penas.

En mi caso, estoy aquí solo por los designios de un ser malévolo, rencoroso y envidioso, que por una persecución política, me ha fabricado un caso con el fin de liquidarme políticamente y saciar su vendetta personal de odio.

Estoy en espera de una decisión, tanto discrecional como política, de si soy o no extraditado a mi país. Todo lo que tengo en familia o bienes ha sido amenazado por este ser que solo desea convertirse en otro "unterbrechen" y no pueda optar a cargo de elección popular en el 2019.

Aquí donde estoy, tengo un sentimiento de impotencia que es el equivalente a estar enterrado de cuerpo entero, con solo la cabeza afuera y estoy siendo atacado por un tigre rabioso, que no solo es este ser, sino muchas otras personas y circunstancias donde mi única defensa es verlos y cerrar los ojos, abrirlos, hablar, gritar o callar, y si por casualidad con mis dientes lo llego a morder, que es lo único que puedo hacer, me gritan al unísono desde las graderías, como en el coliseo romano, "sucio, así no se pelea", y si me quejo con gritos o destellos o lloro, pocos me escuchan, me ven, me hacen caso o les importa.

Solo tengo una arma, el poder pensar y organizar mi vida y mente al salir del infiernillo que me encuentro. No puedo esperar al llegar quedar con toda mi gente a donde quedamos, al no existir la pausa.

 

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Al entrar a este pseudomanicomio, en este ínterin, muchos ya han perdido a sus familias, amistades, negocios, partidos, vida amorosa, dinero, oportunidades, salud, en fin, estas y muchas cosas más, las cuales la mayoría, sino todos, sí pueden recomponer o recuperar, pero habrá otros que no son posibles.

Como decía Napoleón, "se recupera el espacio, mas no así el tiempo", ya que el mundo todo cambió cuando adentro sigue igual.

No participaste de ese cambio de otros, pero tú sí has cambiado dentro de ti, te has convertido en un ser sencillo, práctico, moderno y sobre todo espiritual, donde el dinero es irrelevante, las amistades y la familia son lo que verdaderamente cuentan en la vida, y verás que la lealtad y el respeto que te deben muchos y muchas algunos lo han variado, pero otros lo han mantenido.

Tú has cambiado más que ellos, ya que estos cambios te harán una mejor persona, siendo más sencillo, humano y práctico, donde solo apreciarás las cosas simples de la vida y desecharás todas las peleas y complicaciones.

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