Hasta hace seis meses sembraba de manera anárquica y desordenada.
Indígenas.
Es importante no recoger ni quemar las hojas que se han podado. Foto/Cortesía
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Panamá, Panamá/EFE -
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Sábado 04 de agosto de 2018 06:30 PM

 

Una decena de indígenas emberá se han convertido por unos meses en profesores agrícolas y se dedican a transmitir a sus vecinos de la selva panameña del Darién las nuevas técnicas de cultivo, que han adquirido en un programa de la ONU destinado a revitalizar los sistemas productivos.


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Linela Bacorizo, una emberá de la comunidad de Arimae, a 200 kilómetros al este de la capital panameña, lleva más de 25 años cultivando plátano, ñame, maíz y yuca en las tierras que le dejaron sus padres.


Hasta hace seis meses sembraba de manera anárquica y desordenada. Ahora, sin embargo, es consciente de que es mejor plantar en línea y dejar un metro de distancia entre cada plantón para aprovechar y manejar con más eficiencia el terreno y evitar la deforestación.


"Nosotros sembrábamos como nos enseñaron nuestros abuelos, usábamos demasiado monte. En una hectárea se me iban 100 semillas de ñame, pero ahora solo necesito 20 metros cuadrados", reconoce Bacorizo ante varios vecinos de la aldea aledaña que la escuchan con atención.

 

En la parcela contigua, su compañera Julia Membach cuenta a otro grupo de emberás que el abono no se puede aplicar directamente sobre la planta de ñampí (un tubérculo americano), sino que hay que ponerlo como mínimo a cuatro dedos de distancia para evitar que "se queme" (muera) la raíz.

 

Profesores agrícolas


También les dice que es importante no recoger ni quemar las hojas que se han podado, ya que estas se convierten en un abono natural muy nutritivo para el cultivo.

Ambas mujeres forman parte de un proyecto impulsado conjuntamente por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Gobierno panameño, que tiene como meta mejorar la productividad de los campos indígenas combinando las técnicas ancestrales con pequeñas innovaciones agrícolas.


"Si traemos técnicas sofisticadas de producción intensiva, químicos y otras herramientas, vamos a convertirlos en productores dependientes y va a llegar un momento que los costos van a ser tan altos que no van a poder producir", aseguró a Acan-Efe el viceministro panameño de Asuntos Indígenas, Feliciano Jiménez.

El proyecto abarca en una primera etapa a medio centenar de familias emberá de la selva del Darién, que asisten durante un año a capacitaciones técnicas. De todos ellos, los que tienen mejor capacidad de oratoria son los que se convierten en "promotores" y los que se encargan de comunicar lo aprendido.

La iniciativa se va a replicar en otras comunidades indígenas de Panamá, como los Bri-bri, Guna, Naso o Wounaan.

"Producir bajo las condiciones de un bosque húmedo tropical como este es muy difícil, ya que proliferan muchos hongos que arrasan los cultivos. Había muchas personas que estaban abandonando el campo y muchas semillas que se estaban perdiendo como el ñame baboso", indicó el oficial de Producción y Protección Vegetal de FAO, Jorge Samaniego.


Evitar deforestación


El Darién, una impresionante selva que hace de frontera natural con Colombia, es un territorio prácticamente inhóspito y es el único punto del continente donde se interrumpe la carretera Panamericana, que va desde Alaska hasta Ushuaia, en Argentina.

"Todos en la ciudad comemos plátano y usamos ñame para hacer nuestras sopas. Esos productos salen de aquí. Mejorar los cultivos indígenas no solo ayuda a la seguridad indígena de estos pueblos, sino a la de todo el país", apuntó el técnico.

En Panamá existen cerca de 400.000 indígenas, que representan alrededor del 11 % de la población total y que se agrupan en 7 etnias.

Aunque el país centroamericano es uno de los que más crece de la región, la situación de los indígenas es precaria: la pobreza afecta a 96,7 por ciento de las personas y la desnutrición crónica al 72 por ciento de los niños y niñas menores de cinco años, de acuerdo a la última encuesta oficial.


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"El Estado panameño tiene una deuda pendiente con los indígenas. Su desarrollo nunca ha estado en una posición prioritaria en las agendas gubernamentales", lamentó el viceministro del ramo.

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