Se exponen a todo tipo de peligro y discriminación, pero aun así, las trabajadoras sexuales insisten en seguir en las calles de Panamá.
"Aracelita", con seis años de ejercer, solo sabe que todos los días, cuando el reloj marca las 8:00 p.m., debe salir a buscar su pan, y a pesar de las críticas que le hace la sociedad, dijo que no va dejar de laborar porque, según ella, es igual a cualquier otro trabajador.





