El presidente Barack Obama iniciará una nueva era en la historia de las ríspidas relaciones entre Estados Unidos y Cuba con un viaje a la isla en pos de dos objetivos aparentemente contradictorios: consolidar su política de flexibilización y a la vez impulsar a los líderes comunistas de la isla a torcer el rumbo.
La visita de Obama a partir del domingo corona su ambicioso experimento diplomático: después de medio siglo de hostilidad, los dos antiguos enemigos de la Guerra Fría mantienen contactos regulares.





