El primer debate televisado de los aspirantes republicanos a presidir EEUU tras los comicios de 2016 llega hoy con una aureola de espectáculo más propio de un "reality" que de una cita política, y comandado por las provocaciones que han llevado a Donald Trump a liderar los sondeos.
La radical estrategia electoral antinmigrante de ese magnate surtió su efecto y, en menos de dos meses, Trump ha pasado de no figurar en las quinielas a ser el rival a batir por quienes están llamados a enfrentar, presumiblemente, a la demócrata Hillary Clinton en el pulso por conquistar la Casa Blanca.





