Comprar alimenta el ego, explica la plataforma Consumo Inteligente de MasterCard.
Nos sentimos bien, nuestra autoestima se equilibra. Claro, no es pecado alguno el querer pasar algunas horas paseando por las tiendas, consumiendo bienes y productos, pero ocurre que raramente nos preocupamos en respetar los límites familiares y objetivos impuestos por la planificación financiera.
Dejamos que la euforia y la emoción tomen control sobre lo cotidiano y gastar se convierte en una actitud automática y habitual.





