Dos años después del "boom" de Gangnam Style, los tradicionales vendedores ambulantes del distrito de Seúl al que está dedicada la famosa canción sufren a diario el acoso y la violencia de matones enviados por las autoridades en su afán de "limpiar las calles" de todo lo que no aparente lujo.
"Todavía me duelen los hombros y las piernas de la última paliza", lamenta Choi, un hombre de 48 años que cocina y vende bollos artesanos en esta zona al suroeste de la capital.





