Cientos de miles de personas colmaron la Plaza de San Pedro en lo que constituyó una jornada histórica de confluencia entre cuatro papas: el papa Francisco y el papa emérito Benedicto XVI honraron y declararon santos a Juan XXIII y Juan Pablo II.
Aunque la ceremonia en sí era extraordinaria, la presencia de Benedicto agregó otra dimensión histórica: nunca antes un papa reinante y uno retirado habían celebrado una misa en público, mucho menos en una ocasión en la que se honró a dos de sus más famosos predecesores.





