Mientras la novia a la que le había disparado yacía muerta o agonizante en la casa de Óscar Pistorius, el atleta, lloroso, se arrodilló a su lado e intentó infructuosamente ayudarle a respirar, colocándole dos dedos en la boca crispada para abrirle los dientes apretados, relató ayer un testigo en el juicio por asesinato contra el corredor sin piernas.
Le disparé. Pensé que era un ladrón. Le disparé, fue lo que dijo Pistorius, según el testimonio del radiólogo Johan Stipp, en los minutos posteriores al hecho por el que se acusa al famoso atleta.





