Arrastrando una pesada maleta por la estación de subterráneo de Shangai, Linghu Yong, de 17 años, se aprestaba el jueves a treparse a un tren atestado para iniciar un viaje de 30 horas rumbo a su hogar a fin de pasar el Año Nuevo Lunar con su familia.
Y pese a todo el esfuerzo, era uno de los afortunados. Numerosos trabajadores migrantes seguían acampados a la espera de conseguir un pasaje.





