Darío López ha tenido que amanecer trabajando para poder cumplir con los pedidos que le hacen, sobre todo de turistas que le encargan máscaras para llevar a sus países.
Pero su amor por la tradición va más allá. Asegura que ha enseñado de forma gratuita a jóvenes y adultos el arte de confección de las máscaras, con el único interés de que la tradición no muera.
En Parita, los moradores luchan por mantener viva la tradición de los diablicos limpios y sucios, y hay al menos tres grupos de danzantes reconocidos por su destreza y tradición.





