Mi misión en la vida, no es solo tocar acordeón y mucho menos poner a la gente a bailar con mi música, siento que va más allá de eso.
Desde hace varios años empecé a explorar una faceta que desconocía poseer. Sin saber cómo me iría, me atreví a llevar esa aventura; y es el de enseñar a niños un poco de folclor. Ellos, al igual que yo cuando era niño, se sintieron curiosos de saber qué se sentía tocar uno de los instrumentos que forma parte de nuestra cultura: El acordeón.





