Un día, mientras permanecía inmóvil como siempre en el mismo sitio, un maestro vio aparecer en el horizonte una especie de bola de polvo. Aquella bola se hizo más y más grande y pronto reconoció a un hombre que se le acercaba corriendo y levantaba una enorme polvareda.
El hombre, que era joven, llegó hasta el maestro y se postró ante él.
- ¿Qué quieres?
El joven le contestó: - Maestro, he venido desde lejos a oírte tocar el arpa sin cuerdas.
- Como quieras le dijo el maestro.





