No solo de impresionantes monumentos y hermosos parques vive el turismo de Viena. La capital austriaca ofrece también un paseo por su lado, literalmente, más profundo: las mismas alcantarillas por las que Orson Welles huía en la película El tercer hombre.
Aunque una ruta por las cloacas no encaja en la idea que uno pueda tener a priori de conocer una ciudad, los amantes de la obra maestra de Carol Reed y quienes se interesen por la historia pueden descubrir que este sombrío y, por momentos, maloliente paseo merece la pena.





