Hace mucho, pero mucho tiempo, vivía un hombre que pasaba todo el tiempo apesadumbrado pensando que la paz no existía. A pesar de tener mucho dinero como para poder darse ciertos lujos, nada le daba paz en su vida. Un día le dijo a su esposa desconsolado: Yo no creo que exista la paz, todo el mundo habla de ella, pero yo nunca la he sentido.
Su esposa, preocupada, le contestó: Yo si la he sentido y es muy hermosa, pídele a Dios que te dé la paz y la encontrarás.





