Cuando Dios dice te voy a tocar, lo hace sin previo aviso.
Él suele dar lecciones de vida y enviar mensajes para todo aquel que quiere recibirlos, meditar y actuar sobre lo aprendido.
A mí me tocó el sábado y aún me siento avergonzada de mí misma.
Ese día me dirigía al Banco Nacional a cambiar un cheque que tengo en mi poder desde hace varios días y por el cual luchamos mi esposo y yo desde hace cinco años.





